Ciudad de Baracoa, al fondo El Yunque y El Hotel Castillo

 

Ciudad primada, Ciudad paisaje, Ciudad de las aguas, Ciudad de las montañas, la Primera en el tiempo, así llaman a Baracoa, situada al norte de la provincia de Guantánamo, muy próxima al extremo oriental de la isla, la más antigua de las urbes cubanas con 505 años de historia y cuyo atractivo paisajístico y arquitectónico enamora a todo el que la visita.

Su nombre es de origen araucano y significa existencia del mar, el almirante Cristóbal Colón llega a esas tierras el 27 de noviembre de 1492 y encuentra una naturaleza plena de belleza, una población amable y desarrollada descendiente de los arawacos y describe también en su diario una elevación como “montaña alta y cuadrada que parecía isla”, más tarde bautizada como El Yunque.

Pero no fue hasta el 15 de agosto de 1511 que Diego Velázquez de Cuéllar funda en el puerto de la costa norte oriental la villa “Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa”, primera población española en la Isla como resultado del inicio de la colonización hispánica, en el siglo XVI.

El adelantado, como también se le llamaba a Velázquez, fija allí su residencia y la declara capital política, le da el título de ciudad de Baracoa, la hace capital del gobierno eclesiástico y erige el primer obispado que tuvo Cuba.

Al mudar Velázquez la capital política, económica y religiosa hacia Santiago de Cuba en 1515, el pueblo quedó con solo 50 vecinos, se sumiría en un profundo letargo y olvido y viviría de la ganadería y el contrabando, período en el que fue fácil carnada de los ataques reiterados de corsarios y piratas.

Entonces por decreto real se establece el sistema defensivo de la ciudad y entre los años 1739 y 1742 se levantan tres importantes fortificaciones: el Fuerte Matachín, en la parte sureste de la ciudad (bajo la asesoría de la dirección de Patrimonio Cultural fue restaurado e inaugurado el 10 de octubre de 1981 y pasó llamarse Museo Municipal de Baracoa) ; el Fuerte de la Punta, en la norte; y el Castillo de Seboruco, al suroeste (actual Hotel "El Castillo").

A finales del Siglo XVIII llegaron a la urbe huyendo de la Revolución Haitiana, más de cien familias francesas en sucesivas oleadas hasta 1804, que incentivaron la producción de miel y de raspadura de azúcar de caña, introdujeron nuevas técnicas para el cultivo del café, planta extendida por ellos en Cuba y la extracción de aceite de coco, así como la explotación del banano, lo que propició a la región un moderado auge económico.

Su historia contra la dominación se remonta a Hatey, Cacique llegado de Quisqueya (isla dividida hoy en dos estados diferentes: Haití y República Dominicana), considerado el primer jefe que peleó por la libertad de Cuba y que una vez capturado, Diego Velázquez lo condenó a morir en la hoguera, por hereje y rebelde, en 1512.

Siglos después, en 1876 y 1877 el Mayor General Antonio Maceo, casi al finalizar la Guerra Grande contra España, dio muestras de su pericia militar durante la toma de los poblados de Sabanilla y Baracoa, respectivamente y su desembarco por Playa de Duaba, el primero de abril de 1895, sirvió para reiniciar la lucha independentista, entre otras gloriosas páginas de la tradición patria.

A partir de 1976, con la nueva división político-administrativa, se crea Baracoa como municipio, perteneciente a la oriental provincia de Guantánamo, su población actual ronda los 83 974 habitantes, de ella la urbana alcanza el 50,8% del total, mientras que en las zonas rurales vive el 49,2%.

Tiene una red asistencial sanitaria que cubre todo el territorio y abarca 81 instalaciones médicas, también existen 143 centros educacionales que comprenden todos los niveles de enseñanza.

Está rodeada de ríos, al oeste el Macaguaniguas, que entra en el pueblo bordeando la bahía donde desemboca, más allá el Duaba, de mayor caudal, varios kilómetros más al oeste el Toa, grande y hermoso, con sus orillas de una vegetación espesa, hacia el este el Miel, toda una leyenda a la entrada de la ciudad, y en los límites por el oriente el Yumurí.

Su flora es variada y peculiar, se pueden encontrar áreas extensas cultivadas de pinos y otras de árboles de distintas calidad de maderas duras, y es la segunda de mayores recursos forestales del país.

Se reconoce también por su riqueza faunística, caracterizada por la variedad y alto endemismo, algunas de cuyas especies están en peligro de extinción y sólo se les puede ver en escaso número en áreas apartadas, entre ellas ciertas que únicamente pueden encontrarse en esta zona del país como el Almiquí, el tocororo, la Jutía conga, el majá de Santa María y la polimita picta.

Un sitio representativo de su riqueza de la flora y la fauna es el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, Patrimonio Natural de la Humanidad, categoría conferida por la UNESCO en 2001 y que comparte con la provincia de Holguín.

La economía es eminentemente agrícola, sustentada en tres renglones fundamentales: café, coco y cacao, y de estos dos últimos es el mayor productor del país.

La primera manifestación de la cultura española que llega a Baracoa es La Cruz de la Parra, traída por el almirante Cristóbal Colón, la que aún se encuentra en la parroquia católica de la ciudad y constituye la reliquia sobreviviente del descubrimiento que se conserva en América.

Es la única región de Cuba que tiene 8 formas de canto y baile autóctonas, 7 de ellas consideradas células primarias o variantes del son cubano.

Por sus valores naturales y culturales se ha creado un arsenal de creencias donde confluyen mitos y leyendas, maldiciones, aparecidos, personajes populares (ficticios o reales), entre los que sobresalen las llamadas cinco mentiras de Baracoa:

El Yunque, Monumento de la Naturaleza que no es un yunque de hierro y constituye uno de los accidentes geográficos más descollantes del entorno

La Farola, vial que da acceso a la Ciudad Primada desde la cabecera provincial de Guantánamo, construida en los primeros años de la década del 60 después de varias promesas y fraudes de los gobiernos prerrevolucionarios de turno y es una farola que no alumbra, una de las siete maravillas de la ingeniería civil cubana

Río Miel, a la entrada de la ciudad por la zona este sorprende al visitante un río de aguas cristalinas y abundante corriente, que no es de Miel y según una profecía popular, quien se baña en sus aguas se queda por siempre en Baracoa

La Bella Durmiente, montaña de escasa elevación que se alza en las cercanías de la bahía de Baracoa y su nombre alude a su peculiar forma que semeja a una mujer dormida

Las Tetas de Santa Teresa, son dos montañas gemelas que escoltan la ciudad de Baracoa por uno de los extremos de la periferia urbana, su curiosa alineación simula los senos de una mujer.

Otra de las leyendas famosas de la ciudad es La Maldición de El Pelú, como fue conocido Vicente Rodríguez, de barba de pelo rizos sin peinar, quien llegó a Baracoa a finales del siglo XIX y cuyos ancestros se perdían en el tiempo y la lejana Coruña, en la española provincia de Galicia.

Víctima de la indiferencia y de la burla de la gente, profirió una maldición de que el pueblo tendría grandes iniciativas y ninguna llegaría a concretarse.

A la Villa la distingue la Avenida Malecón, ubicada a todo lo largo de la costa norte de la ciudad, con una longitud de 2 km, desde el Museo Matachín hasta la Plaza Cacique Hatuey, obra distintiva de la urbe por lo que representa para la población en cuanto a cultura, tradiciones, economía y política al ser el espacio público más utilizado con carácter político-recreativo por su ubicación privilegiada.

Entre el 4 y el 5 de octubre de 2016, Baracoa y otros cuatro municipios guantanameros sufrieron los embates del poderoso y demoledor Huracán Matthew de categoría 4.

Miles de viviendas fueron dañadas parcial o totalmente en la Primogénita de Cuba, hubo severos estragos en su infraestructura vial, de comunicaciones, hidráulicas, telefónica, instituciones sociales, económicas, quedó casi devastada, y se ha ido recuperando poco a poco, con el aliciente de que no perdió la vida ninguno de sus habitantes.

La imaginación popular no dejó de buscar una respuesta en la leyenda de la Maldición del Pelú, ese maleficio que resurge en la bella villa ante cualquier desgracia, pero Baracoa otra vez se levanta y sigue siendo la tierra de hermosos paisajes, altas montañas, exóticos animales y construcciones coloniales, esa cuyo mayor tesoro es la gente que la habita: noble, amable, orgullosa de lo suyo y apegada a sus orígenes, allí, acariciada por las aguas del Atlántico.

Baracoa enamora a todo el que la visita

En el centro de Baracoa, la Iglesia Parroquial

En la Iglesia Parroquial de Baracoa se conserva La Cruz de Parra

Almiquí en su hábitat

El Yunque y la bahía

Campesino pelando bellotas de cacao

Ciudad de Baracoa en ruinas

Baracoa de noche

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