Presunción de inocencia es la manida frase que utilizan en España los compañeros de partido de todos aquellos que son pillados con las manos en la masa fangosa y sin fondo de la corrupción. Verdaderamente, no faltan ocasiones para utilizarla, porque en la actualidad existen más de 300 políticos imputados en toda la geografía nacional. Eso, sin contar con otros empresarios y personajes diversos relacionados con ellos y sus actividades. En realidad, la “presunción de inocencia” es una figura jurídica que pretende resguardar a la persona que es imputada o va a ser juzgada, de una condena anticipada por parte de la sociedad. Se basa en la idea de que en tanto no existe condena firme por parte de los tribunales, la culpabilidad expresa no existe.

La presunción de inocencia pprotege a imputados famosos

La presunción de inocencia es más bien de culpabilidad

Pero, no nos dejemos engañar por esa sutil precisión. Nadie es imputado por ningún tribunal si no existen indicios serios y objetivos de delito. Los que no nos encontramos imputados en ningún procedimiento judicial sí que somos inocentes en dichas cuestiones, sin necesitar ninguna presunción de inocencia. Pero, aquellos que sí han sido citados por el juez correspondiente y están imputados en alguna causa, basándose en pruebas objetivas, les guste o no, se convierten en “presuntos culpables”. A despecho de cualquier utilización del principio In Dubio Pro Reo. Otra cosa es que la carga de la prueba de su culpabilidad tenga que ser concluyente y que su defensa aporte las pruebas y argumentos que considere oportunos para defenderse de las acusaciones formuladas.

La presunción de inocencia también recae en Luis Barcenas, aunque está en la cárcel, imputado por corrupción

La coartada de la presunción de inocencia en la Justicia

Pero, moralmente, no somos nosotros los que estamos obligados a considerar su inocencia, contra viento y marea, contraviniendo los indicios y el trabajo de la Justicia, el tercer del Estado, formado por profesionales a quienes se presupone la imparcialidad y la objetividad. Eso es lo que pretenden quienes dicen que respetan la JUSTICIA, con mayúsculas, pero a la vez la pisotean en la figura de quienes imputan a sus compañeros. Teniendo en cuenta, además que, muchos de ellos son ya “presuntos" en su inocencia, o están a punto de serlo. La verdadera cuestión estriba en que ellos mismos saben que la Justicia es lenta y que el tiempo borra la memoria y adormece las conciencias. Para cuando pudieran ser declarados culpables, si es que verdaderamente ocurre eso y no consiguen camuflar sus culpas en las mil y una argucias legales que ellos mismos crean en la legislación, habrán disfrutado de unos cuantos años de "presunción de inocencia" con los que arreglarse un futuro que compense su revés judicial. Eso, claro está, si no consiguen un indulto del Gobierno que apoya y ampara su partido.

Por todos esos motivos, la imputación de un político por motivos de corrupción, disfrácenla o no de “presunción de inocencia”, las sospechas fundamentadas y sólidas de que ha expoliado los fondos públicos que hemos puesto a su disposición, es más que suficiente para que le mostremos nuestro rechazo y entre dentro de nuestra consideración como un presunto y repugnante culpable.

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