Presión social

La forma más rápida en la que una persona pierde su libertad, es cuando cede a la presión social

De esta forma, ven como tienen que vivir bajo las normas de la sociedad y haciendo lo que esa misma sociedad espera de cada persona.

Quien cede a la presión social, tiene que asumir unas consecuencias, que la mayor parte de las veces son más negativas que positivas.

En ocasiones, por esa presión social, las personas tienen que dejar de ir con alguien porque eso daña su imagen, puede que tenga menos amigos e incluso que se quede solo.

Generalmente quien más cede a esa presión, es aquél que tiene menos personalidad y es más superficial. Por lo que termina por realizar la vida que quieren los demás que haga, en vez de hacer su propia vida.

Ceder a la presión social hace que las personas no sean felices

La presión social, no solo la realizan grupos mayoritarios, si no también la ejercen aquellos que se consideran minoritarios.

Entre estos grupos, están aquellas personas que se creen superiores al resto porque tienen un trabajo peor, no tienen coche o no tienen que pagar una hipoteca. Se dedican a descalificar  contínuamente a aquellos que son ricos, tienen buenos trabajos y poseen propiedades que han conseguido con su esfuerzo. No son personas auténticas y solo quieren ser aceptadas por su círculo.

Se pasan el día criticando a aquellos que ganan dinero, pero si un día son ellos los que lo ganan ahí guardan silencio y no pasa nada. Este tipo de presión social, carece de sentido y lógica.

No ceder a la presión social

Durante la adolescencia, muchas personas ceden a esa presión social por miedo y por inseguridad.

Pero una vez que superan esa etapa, caen en la cuenta de que lo mejor que pueden hacer es superarla por completo. Y dedicarse a hacer aquellas cosas que antes no hacían por miedo, y pasan a hacer lo que siempre quisieron realizar.Se liberan de esa presión social que hasta ese momento les ha impedido ser libres.

Cuando una persona deja de hacer algo por la presión social, el que termina perdiendo es él mismo, y no el otro.

La presión social va matando a uno poco a poco, le impide desarrollarse como persona, ser uno mismo y ser libre.

Cada persona es dueña de su vida, y debe hacer lo que estime oportuno en cada momento, no hacer la vida en función de lo que piensan los demás, o la vida que ellos quieren.


 

 


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