En la sociedad se ha abierto hoy una polémica sobre el derecho de una persona sola a ser madre; gracias a las técnicas de inseminación artificial, algunas mujeres sin pareja han tenido hijos de padres anónimos y sin haber mantenido relación sexual. Desde que el mundo es mundo, han existido hijos que no conocieron a sus padres y son muchas las situaciones emocionales en las que muchos niños y niñas han tenido que crecer.

A la posibilidad de tomar la desición se añade que el tipo de vida ha llevado a las parejas a no estar ya pendientes del hecho de tener hijos; a esta situación ha contribuido, y mucho, la evolución del papel de la mujer en la sociedad. La evolución de la vida infantil o juvenil y las dificultades de integración en la vida adulta por parte de los jóvenes, lleva a la pareja a meditar mucho más su desición de traer hijos al mundo. La vida no es fácil y se realiza un análisis mucho más profundo de las repercusiones que supone el hecho de engendrar.

Cada vez se extiende más la renuncia a la maternidad. Algunos condenan a quienes se niegan a ser padres pero también podrían hacerlo con quienes tienen muchos hijos y después no asumen la responsabilidad de haberlos tenído. La opción de no tener hijos supone la renuncia a una posibilidad del ser humano que implica un nivel elevado de convicción. Las presiones sociales hacen más fácil tener hijos que no tenerlos.

Quien decide no tener hijos lo hace por un cúmulo de circunstancias que van desde la convicción de que la vida supone un sufrimiento y una angustia y, por lo tanto, quiere ahorrárselos a su hijo, hasta la opción que considera todas las dificultades que el hecho de cuidar un hijo presenta, desde la falta de sueño cuando acaba de nacer, pasando por las enfermedades y las angustias por sus estudios, hasta los problemas de comportamiento y entendimiento que aparecen cuando son adolescentes.

Preparad@ para los hijos

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