Tiempo de PREPARACIÓN: 20 minutos. Para dejar al paladar satisfecho, con estilo y de forma original... es un tiempo récord.


¿Recordáis aquella preciosa película mejicana de los años noventa titulada «Como agua para chocolate»? Para los que la hayan visto, sabrán que la cocina es algo más que ingredientes de los buenos, fogones o placas de diseño y platos de colores... El amor, la intención y el objetivo de cada PLATO, son ingredientes en sí mismos que añaden un complemento invisible, una energía especial y un momento irrepetible en cada comensal y en cada momento.

Los hay copiosos, los hay ligeros, de famélico diseño, de la abuela, de los quince minutos para comer... y después está el plato elaborado con mimo, saludable y gustosamente perdurable en nuestra memoria gustativa.
Uno de esos platos es el que comparto por la historia implícita, personal y biográfica, que tiene. Se trata de una RECETA anotada y realizada en un momento feliz. Es mi aportación alquímica. Ya que no puedo estar en vuestra laboratorio culinario, espero que aquél o aquella que tome nota de ella y la reproduzca, se lleve también el ingrediente invisible. Y que nos cuente...

Os aseguro que funcionará y que estará en vuestra cocina y en vuestro plato igual, que lo estuvo en el mío.

Se trata de una receta de pescado. Y los ingredientes son estos:

Merluza con gulas al jerez

Ingredientes:
1 Kg de rodajas de merluza
1 Paquete de gulas de 250 gr.
2 Cebollas grandes
1 Vaso de Jerez
Aceite de oliva virgen extra
Sal

 

Merluza

Elaboración:

Cortamos la cebolla en tiras como si fuera para ensalada. En una sartén ponemos un chorro de aceite a calentar. Se añade la cebolla y se hace a fuego lento hasta que se quede pochada. Añadimos las rodajas de merluza y las hacemos vuelta y vuelta sin pasarse. Vertemos un vaso de jerez. Se deja hervir unos 5 minutos y se agrega las gulas y un poco de sal. Se tapa y se retira del fuego.


Recuerdo que el plato fue acompañado con un vino blanco. Del norte. Dorado y transparente. Con un maridaje perfecto tanto en las tonalidades en juego, como en los sabores: afrutado, ligeramente dulce y sin aguja. Como una especie de banda sonora a tantas emociones en aquél día. También recuerdo que era verano, que después siguió siendo verano, y después también. Y que ahora, cuando reproduzco este plato, esta receta, sigue siendo verano. Aaunque sea febrero. Y que todo está bien.

Si también tienes asociado un momento especial en tu vida, a una receta, un plato determinando, una comida especial, una historia o cualquier otra anécdota similar a la que acabo de compartir contigo, por favor, haz lo mismo y dinos cómo fue, qué sucedió y cuál es esa receta especial. Y si crees que no la tienes... estás equivocada/o. Piensa un poco. Te sorprenderás de la cantidad de cosas que recuerdas, asociadas a un momento que estaba ligado a un plato concreto. A una receta.

¡Buen provecho!

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