El hecho de prejuzgar parecería ser una característica particular de algunas personas, quienes en muchos casos, no comprenden o no se dan cuenta de que producen como consecuencia más daño de lo esperado. Esto significa que tener pensamientos inflexibles sobre ideas fijas de género, religión, cultura, etnicidad o edad, entre otros, en muchos casos afecta a los más vulnerables y a quienes menos poder de defenderse tienen. En este caso en particular, me voy a referir específicamente a los ancianos, a quienes se los suele mencionar también como la clase “pasiva” o “no productiva”, entre otros términos.

Por un lado, es posible observar que después de toda una vida de sacrificios, algunos padres o abuelos son literalmente abandonados por sus hijos u otros familiares. Las pensiones que cobran son relativamente bajas, lo que hace que sea muy complejo mantenerse por sí mismos, teniendo en cuenta que en muchos casos, gran parte del dinero que cobran como jubilación es utilizado para costear sus propios medicamentos. Si a esto se suma el hecho de que sus familias los abandonan a su suerte, está claro que sin el amor y apoyo que todo ser humano necesita, más en estas circunstancias, la situación los puede conducir a no sentirse felices y a no tener deseos de continuar.

Muy por el contrario a estas situaciones que se asemejan al abandono de los mayores, muchas familias siguen amorosamente el paso de los años de sus padres y abuelos, a quienes consideran sabios por la experiencia vivida y a quienes les reconocen y agradecen sus propias raíces. Aquellos familiares que tratan a los abuelos con amor sin duda recibirán de sus propios hijos las semillas que más tarde en la vida crecerán para nutrirlos a ellos mismos con ese mismo sentimiento. En un ambiente de cuidado, atención y dedicación nuestros ancianos encuentran las razones para sentirse útiles y queridos. Es así como los lazos se mantienen armónicamente de generación en generación en un intercambio que beneficia a todas las partes.

Para concluir, es vital que logremos re-formular que los pre-conceptos de “pasividad” y de “no productividad” asociado a nuestros mayores, sea nutrido con las ideas de amor y respeto por los años. Ellos son quienes saben de experiencia y sacrificios. Ellos nos han dejado todo lo que han podido hacer durante sus vidas como el mejor legado que hemos recibido. Recordar que son GRANDES -y no pequeños físicamente-, tiene que ser un honor para cada uno de nosotros ya que sí podemos contribuir con ellos en el día a día. Cultivar y nutrir una sólida y profunda relación con nuestros mayores constituye una meta que se concreta en pequeños aspectos cotidianos. Son nuestras actitudes las que iluminarán sus esperanzas y no podemos olvidar que esa luz es la que necesitaremos también TODOS NOSOTROS algún día.

Alicia I. Ciocca - Buenos Aires, Argentina

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