El precio de las riquezas

EL PRECIO DE LAS RIQUEZAS (1 Timoteo 6:9)

El amor al dinero puede ser una adicción costosa. ¿Necesitamos nosotros tener en cuenta su efecto corrosivo en nuestras vidas y el efecto prolongado que tiene en nuestras relaciones con otras personas?

Pablo dice que cuando caemos en tentación y damos lugar a esta codicia, deseando tener más cosas, estamos creando una trampa para sí mismo. Es asombrosa la facilidad con la que podemos convencernos a nosotros mismos de que nosotros, como el resto de la gente, tenemos derecho a cosas. Esa es la tentación y es algo con lo que nos enfrentamos, crea en nosotros un gran deseo de tener lo que otros tienen.

Unas de las declaraciones más duras del Señor es que resulta casi imposible que un rico entre en el reino de Dios. Porque aquellos que desean ser ricos “caen en… una trampa”. Fíjense bien lo que se enfatiza: “es en el deseo de ser ricos”. Es el amor al dinero, no el dinero, porque es imposible salir adelante sin usar dinero en una forma u otra.

Es “el amor al dinero” de lo que hablan las Escrituras, el deseo de tener más y más de él, el anhelar las riquezas, el estar continuamente planeando cómo conseguir un peso más.

Las verdaderas riquezas de los creyentes deben ser la fe y el amor que se expresan en la abnegación y el seguir a Cristo. Señor te doy gracias por lo prácticas que son estas palabras. Deseo que me ayuden a corregir mis puntos de vista y que aprenda a resistir los conceptos erróneos distintivos y exagerados del mundo que me rodea.

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