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La historia de la mina de Potosí de Bolivia no comenzó con la llegada de los españoles. Mucho antes el inca Huayna Cápac ya tenia conocimiento de la existencia de Cerro Hermoso y cuando visitó las termas de Tarapaya a causa de una enfermedad quedó maravillado de las diferentes tonalidades rojizas y ya adivinó que existían ricos metales. Inició su explotación para llevar nuevos adornos al templo del Sol en el Cuzco pues en aquel tiempo este territorio pertenecía al Perú.

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Todo el oro y la plata que los incas extraían de las minas no era para comerciar sino para dedicar a los dioses bellos adornos como muestra de su adoración. Se cuenta que cuando los mineros incas extraían los minerales se escuchó un gran estruendo y una voz dijo: "No es para vosotros es para los que vendrán después", pero esta leyenda se cree que la propagaron los españoles para hacer legítima la explotación de la mina. Después de años de explotación y ya en 1560 la población que creció junto a la mina ya tenía más de 50.000 habitantes y en este asentamiento los españoles eran una quinta parte.

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Más tarde y durante el mandato del virrey Francisco de Toledo ya se podían contar 65.000 indios y 35.000 blancos y la ciudad recibió el nombre de Villa Imperial de Potosí. La gran riqueza que producía el Cerro Rico hizo que la ciudad creciera de forma rápida y los españoles vivían con todo lujo de detalles. Construyeron Iglesias, viviendas, escuelas de baile, casas de juego, etc, pero los indígenas sufrían una explotación inhumana.

Eran sometidos a esclavitud trabajando 16 horas diarias y los derrumbes eran frecuentes por lo cual mucho de ellos morían aplastados por las rocas. El virrey Francisco de Toledo pidió permiso al rey para importar esclavos africanos y durante su periodo colonial se importaron 30.000 esclavos negros, muchos de los cuales también murieron. Sobre 1650 las vetas empezaron agotarse y la mina de Potosí empezó a tener poca producción. Esto se agravó con una epidemia de tifus que dejó gran cantidad de muertos y otros tanto abandonaron la ciudad.

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Potosí estuvo a punto de convertirse en un pueblo fantasma pero le salvó la producción de estaño que se realizó hasta mediados del siglo XIX pero por la sobre producción los precios cayeron y Potosí cayó nuevamente en la pobreza. En la actualidad se sigue trabajando buscando restos de minerales pero la producción no tiene relevancia. Muchas construcciones españolas se han convertido en museos y las Iglesia de estilo barroco es el único recuerdo del paso por Potosí de los conquistadores españoles.

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