Las postales de navidad familiares están de moda. Empezaron los Reyes del mundo mundial a sacar postales, cuando se acercan las Navidades, que llevan sus felices fotografías como si ellos mismos fueran una fotocopia feliz de San José y La Virgen Maria con Niño Dios incluido, y ahora casi todo el mundo hace este tipo de postales. Estoy cansada de recibir en mi buzón felicitaciones con fotos de familias felices que sé que no son tan felices.

Las fiestas navideñas incitan a hacerse una en Internet una de estas postales de Navidad familiares con la fotografía donde tengas a la familia más sonriente. La gente les mete una fotografía de rían al fotógrafo, por favor. Es así como se triunfa en Navidad.

Las postales de Navidad familiares se enseñan y comparan en las reuniones de toda la tropa familiar de Nochebuena. La Nochebuena del año pasado casi acabo con una depresión cuando mi suegra comparó las postales de sus hijos y nueras. Vi a mi cuñada más vieja en su postal más reciente y pensé que a mí también me verían más vieja, no en la postal sino en las fotos. Empecé a lagrimear con la pena. Mi santo esposo me pasó el paquete de pañuelos. Pensaba que estaba emocionada. No, lo mío no era emoción sino pena por los años que pasan. Mis hijas crecen. Creo que tendré que tener otro hijo para sentirme joven. O tener un bebé o pasar por la clínica de belleza a que me metan más botox en las arrugas que amenazan con marcarse en mi bonita cara. La culpa es de las fotos de las Postales de Navidad familiares.

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