Los problemas de ortografía han sido históricamente un estigma para los educadores, no hay formulas precisas para solventar una problemática de tan magnas proporciones. No obstante, en la medida en que los alumnos estén en permanente contacto con diferentes tipos de texto, ampliarán el vocabulario y por ende se fijarán en sus cerebros las palabras correctamente escritas. Por ello es tan importante seleccionar muy bien los textos que se llevan al aula así como los que se asignan. Bien, habrá quienes dirán que han leído cientos de libros y tienen de todos modos pésima ortografía, es válido. Pero ante un compromiso social como padres y maestros es nuestro deber fomentar la lectura, aún en aquellos que se muestren reacios ante ella, si no pensemos ¿Cuántas novelas nos hicieron leer (obligados por cierto) en el bachillerato, que terminamos amando? ¿Cuánto no agradecimos a Dios por aquél maestro que impuso tal o cual lectura y que terminamos descubriendo que era excelente? ¿Cuánto no disfrutamos el que al menos conozcamos algunas obras y por tanto podamos comentarlas con otras personas? Estas interrogantes nos conducen a otra más significativa: ¿Hasta qué punto es importante leer? No tengo la respuesta, pero puedo contarles que en una ocasión uno de mis alumnos me reclamó con aquél tono desafiante que tanto odiamos los maestros apegados a la vieja escuela: “¿Por qué tenemos que leer profe? Pónganos a hacer ejercicios de ortografía o caligrafía, pero eso leer ¿Para qué?” Yo hice, ante sus palabras, lo único sensato que se podía ante tales circunstancias: caso omiso de ellas. Aunque pareciera lógica su petición, bajo ningún concepto podía cambiar una programación que incluía lecturas que a la larga, en su próxima etapa (la universitaria) iba a necesitar, porque se ha implantado en nuestras aulas una apatía hacia el acto de leer. Aquél joven era la voz de una generación que cada vez se muestra más distante de las actividades relacionadas con la lectura, generación por cierto capaz de desarmar una computadora en un dos por tres, de crear virus tan letales que borran la información de un PC en cuestión de segundos…es nuestra tarea (nada fácil por cierto) lograr demostrarles no sólo su importancia, sino cuánto placer puede llegar a conseguirse leyendo. ¿Cómo lograrlo? Buena pregunta!...

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