Por fin llegó el momento esperado, y Ferrari anunció que Fernando Alonso será vestirá de rojo a partir de la próxima temporada, con un contrato de tres años más dos opcionales, cobrando 25 millones por cada uno de ellos.

Feliz noticia: Alonso tendrá un monoplaza poderoso, y optará de nuevo al campeonato; y Ferrari por fin disfrutará de un piloto acorde a su categoría.

Fernando Alonso tiene como principal virtud su seriedad como piloto: aún siendo agresivo, es fiable; rompe pocos motores y se retira por fallos en la conducción en menos ocasiones todavía.

Ferrari necesita alguien así. Desde Michael Schumacher, no han tenido pilotos que demostrasen merecer llevar su monoplaza, y no dudo de la capacidad de Raikkonen y Massa. Sin embargo, el primero parecía no querer pilotar, y, en ocasiones demostraba su calidad cuando ya no hacía falta (por ejemplo, en últimas vueltas de carrera, con todo decidido). Por su parte, Massa me gusta, quizá por la insistencia de algún que otro periodista en sus críticas hacia el brasileño; aunque sí es verdad que su agresividad le llevaba a cometer errores estúpidos.

La cuestión que planteo es la siguiente: ¿de verdad será tan fácil para el español superar a Schumacher, que es la opinión que me encuentro cada día, hable con quien hable? La verdad, no lo creo. Y por varias razones: Schumacher era más ambicioso (la victoria por encima de todo), y los tiempos que corren no son los mismos de antes.

Los cambios continuos en la Fórmula 1 (sobre todo este último año) han igualado a los equipos, y Alonso, con el coche de este año, no habría hecho mucho más que Massa o Raikkonen. Por otro lado, muchos dicen que lo mejor para este deporte es  que no haya tantas diferencias entre las marcas. ¿Dirán lo mismo estando Alonso en Ferrari?

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