Política y Fútbol

Cuando la política se mezcla con el fútbol, los grandes perjudicados son los clubs y los aficionados

Y una vez más ocurrió lo que tenía que pasar, algunos aficionados silbaron el himno español, antes de que comenzara la final de la Copa del Rey, que se disputó entre los equipos del F.C.Barcelona y el Atlhétic Club de Bilbao. 

En la entrada al estadio en el que celebraba el partido, el Camp Nou, integrantes de partidos independentistas entregaron a los aficionados un silbato, con el fin de que el ruido fuera mayor.

Los antecedentes

Desde hace unos años, cuando estos dos equipos juegan una final se repite la misma acción, la de silbar el himno. El motivo las reivindicaciones separatistas de algunos políticos.

Cuando se supo que estos dos equipos se volverían a encontrar, los políticos ya empezaron a calentar el ambiente. Haciendo  declaraciones en favor y en contra de la pitada. 

El presidente de la Generalitat Artur Mas ejerció su papel de ser el máximo agitador. A él se unieron el resto de voces que claman por la independencia de Cataluña. El gobierno, también cumplió a la perfección con su papel amenazar con duras sanciones, si finalmente el himno era pitado. Qué el presidente de la Generalitat, pretendía dar una vuelta de tuerca más es obvio. 

Los auténticos protagonistas del partido, los jugadores también dieron su opinión. Algunos se mostraron en contra de la pitada, otros  fueron más lejos y señalaron que respetaban la decisión que tomaran los aficionados. 

Las reacciones

Cómo es lógico, nada más producirse la pitada surgieron las reacciones. El gobierno, convocó a la comisión antiviolencia para que estudiara las sanciones. Lo políticos, unos mostrando su satisfacción y otros su malesttar por lo que había sucedido. 

Mientras que entre el resto de aficionados y el pueblo en general, existía división de opiniones. Algunos se sentían avergonzados, otros decían que la próxima vez habría que suspender el partido. Los demás se sentían ofendidos e inslutados. 

Conclusión

Lo peor es que el que sale perjudicado una vez más, es el deporte. El fútbol tiene millones de seguidores, también tiene sus detractores. 

La solución para esto no es fácil, puesto que cada uno es libre de tener sus ideas y luchar por ellas cómo considere oportuno. Sinceramente, para algunos pitar el himno no supone ningún insulto porque no se sienten españoles, ni tienen porque hacerlo. Ser y sentirse español no es una obligación. 

Poner duras sanciones tampoco es correcto, no se va a solucionar nada, solo se va a probocar que pueda existir una reacción violenta por parte de los cuatro exaltados de siempre. Lo que se debe de entender es que la política y el fútbol o cualquier otro deporte, no tienen nada en comùn. Son cosas diferentes y deben caminar por separado. Todo lo que toca la política y los políticos, termna por destruirse  porque siguen manteniendo unos aires de grandeza que en pleno siglo XXI son totalmente anacrónicos. 

 

 

 


 

 

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