LA POLÍTICA AGRÍCOLA COMÚN europea: retos

LA POLÍTICA AGRÍCOLA COMÚN europea ha de enfrentarse a nuevos retos. La producción y el consumo agrícolas son excesivos y los beneficios medioambientales escasos. Urge, por lo tanto, un cambio de modelo.

Europa produce comida en exceso. Gracias sobre todo a nuestra producción, disponemos de la comida suficiente para alimentar a cerca del 136% de la población europea, a pesar de que no conseguimos asegurar su adecuada distribución.

Aun así, los agricultores europeos continúan soportando una gran presión para producir más cantidad por menos dinero, mientras que los costes sociales y ecológicos resultantes quedan en segundo plano.

En Europa la agricultura es algo más que nuestra fuente de alimentación. Durante miles de años los sistemas agrícolas han ido moldeando el paisaje. Los hábitos de la población y de las especies se han adaptando , por lo que la agricultura tradicional es un pilar de la biodiversidad.

La Política Agrícola Común actual reconoce este papel de la agricultura y lo utiliza como justificación de su presupuesto, que representa alrededor del 38 % del presupuesto total de la UE .

La Política Agrícola Común  ya no tiene como objetivo aumentar la producción de alimentos, como en su creación en 1958, sino apoyar a un sector que, además de los alimentos, puede proveer bienes y servicios públicos ambientales y de los ecosistemas.

Los agricultores europeos deben recibir ayudas para hacer prácticas beneficiosas para la conservación del suelo, el agua , la biodiversidad , el paisaje y para la mitigación y adaptación al cambio climático.

A pesar de este diseño inteligente , la aplicación de la nueva Política Agrícola Común ha demostrado ser un desastre. Los Estados miembros se han marcado criterios muy poco ambiciosos en cuanto a la asignación de las ayudas. Consecuencia: los BENEFICIOS MEDIOAMBIENTALES son escasos. Dicho de otro modo: pagamos impuestos para ayudar a que nuestra agricultura sea más sostenible, pero la intención se pierde en el laberinto de la ineficacia.

Tenemos que ser capaces de llevar a cabo un cambio de modelo. No podemos continuar con un sistema en que producimos y consumimos más de lo necesario, mientras que nuestra salud se va degradando y estamos malgastando nuestros recursos y disminuyendo la capacidad de las generaciones futuras para obtener su alimento.

Nuestras políticas públicas, como la Política Agrícola Común y su abultado presupuesto deben servir para apoyar la agricultura sostenible y la alimentación, que también contribuyen a la conservación de la naturaleza y el campo.

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