Poética y retórica como disciplinas complementarias a la hora de reflexionar sobre la construcción de los textos poéticos.

Grecia es la cuna del arte del discurso, así, la retórica es una de las partes imprescindibles de este arte y la entendemos como la ciencia del “rhetor” o el conjunto de normas que debe seguir el orador público. Aristóteles, desde su posición de filósofo, es una figura fundamental tanto en el campo poético como en retórico. En su Poética combina la teoría y la crítica literarias mediante un método inductivo: busca conceptos generales desde su punto de vista filosófico y un análisis científico. Mientras que la Retórica aristotélica toma dos rumbos específicos, dos tejnai autónomas: la tejné retoriké, que es el arte de la comunicación cotidiana, en la que el discurso progresa de idea en idea, y la tejné poetiké o arte de la evocación imaginaria, que progresa de imagen en imagen. Estos dos rumbos son la oposición de dos sistemas, uno retórico y otro poético, oposición que desaparecerá cuando ambas se fusionen y la retórica pase a ser una tejné poética. Esta fusión da origen a la idea de literatura. Para Aristóteles el arte es sobre todo técnica, aquí encontramos diferencias con el pensamiento platónico, que consideraba que la inspiración llegaba al poeta a través de un rapto divino completamente irracional. Aristóteles entiende la poesía como mímesis, imitación de la realidad, una representación que implica una actividad creativa por parte del autor. Para él tecné está muy cerca de episteme ya que la técnica implica conocimiento. Rechaza la idea de retórica como arte de adulación política que tenía Platón porque cree en la importancia de los contenidos, aunque ello le lleva a enfrentarse a dos problemas: uno de tipo material, ya que la retórica carece de contenido propio y entra en conflicto con otras artes y ciencias, y otra de tipo formal, debido a que se mueve en el ámbito de la doxa y es capaz de defender opiniones opuestas. Así, la retórica aristotélica es el arte de decir bien la verdad y con sentido pragmático, es decir, teniendo en cuenta al receptor y la finalidad del discurso. Aristóteles considera que la retórica se relaciona con la dialéctica de manera que ninguna de las dos es una ciencia con contenidos especiales, sino que se refieren a temas generales, además, se fundan en verdades de opinión relacionadas con el saber: la dialéctica las expone y la retórica las defiende. En su Retórica sitúa en paralelo el discurso y los sujetos del discurso. El libro I lo destina al emisor del mensaje, al orador, y analiza los argumentos que dependen de él. El libro II está destinado al receptor, es decir, al público. Estudia el efecto que causa el mensaje y lo clasifica según el público lo juzgue. Por último, el libro III se centra en el mensaje y estudia la elocutio y la dispositio.

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