El poeta escribe; despertó del largo sueño, que le obnubilaba en una tranquilidad  falsa.  El poeta despertó, y escribe versos robados de una memoria de otro, otro lo habita. El poeta despertó, escribe, otro lo habita; es el niño que soñaba con ser amado.

El POETA DESPERTO, ESCRIBE, otro lo habita, un niño sin amor; prometiendo el imperio vacío, de quien no se atreve a amar.

Sus versos dicen más de lo que piensa, sus versos vienen del alma; un alma inconciente que aún, lo gobierna. Sus versos no deben ser interpretados, solo degustados; aún cuando ellos evidencien, las dimensiones de la prisión que lo envuelve.

Atrapado en las cárceles; dónde mora con sus asesinos, su olvido, su destino, y las formas femeninas, que buscan el amor de otro.

Escribe para ser leído, un lance final para ser escuchado; tal vez liberado, ante un consejo de fantasmas en vigilia. ¿Qué quiere decir este poeta? ¿qué busca retroceder? ¿qué es lo que aún, no ha dicho?; ¿cuántas palabras lo envuelven, escondiéndole la PALABRA que lo libera?

La palabra está perdida en el otro, en el niño; que aún, quiere ser rescatado.

El otro, parece, puede llegar a ser su fugaz asesino; más cercano de lo que creía. Solo al matar al que estaba dormido, logrará este poeta, una tranquilidad cierta. Logrará el niño, la palabra perdida.

El niño era inocente, buscaba como un delito, los pechos que lo dejaron; al irsen, lelo él, sin hacer preguntas, sin lograr articular su aullido; solo lloraba. El niño no sabía de palabras, solo de un amor anhelante.

El poeta se sumerge en aguas, que lo retroceden al océnao perdido, ese en que fué feliz, ese en que fué cierto, ese en que tal vez, al fin, fué amado en silencio.

El poeta despertó, escribe; habitado por otro, un NIÑO asesino, que busca amor, que debe desenfundar la espada a la que le teme, la espada por la palabra perdida; intentar vencer en el verso, el verso que su memoria no alcanza, como quien a riesgo de muerte, rescata un reino que le fue robado.

Necesita un acto, acto de muerte, acto final; como Hamlet pregunta, como Hamlet sospecha, pero aún sigue perdido,la respuesta asusta.

Cuando el POETA ESCRIBE, la PALABRA perdida renueva su esperanza, de ser por fin liberada, en un VERSO inconciente, el anhelado rebus.

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