El hombre contra el mundo

Pobre diablo: El hombre que sabe que no habita en el peor de los mundos posibles, pero también sabe que no nos falta mucho para lograrlo y que estamos trabajando en ello. La injusticia que respiramos (y más cuanto más hondo respiremos) es absoluta, desde la económica a la cultural, desde la política a la vital, desde la cotidiana a la que nos trasciende. La estabilidad de la que hablan los ideólogos no sé a qué se refieren. Quizá a la perpetua necesidad de reformas, quizá al sometimiento a todo tipo de imprevistos, desde la climatología a las tragedias geológicas, desde el desdén por la sabiduría a la exaltación de la más pura estupidez.

Pobre diablo: El hombre que sabe que en Onkalo (Finlandia) se haya construido un cementerio de residuos nucleares que podrá ser utilizado, desde que se acabe, durante 100.000 años, cuando desde el principio de la humanidad hasta hoy no han pasado ni 50.000 años a pesar del peligro y riesgo que todos conocemos.

Pobre diablo: El hombre que no sabe si amanecerá mañana, con o sin evolucionar, no tiene arreglo; no aprende ni le interesa aprender de los errores pasados.

Pobre diablo: El hombre a quien sólo le interesa el presente sin pensar en el futuro.

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