La PNL (Programación Neurolingüística) estudia lo que percibimos a través de nuestros sentidos. Se hace uso de técnicas neurológicas para reprogramar la lingüística, o dicho de otra forma, se usan técnicas y herramientas concretas para desarrollar habilidades de crecimiento personal y para la mejora de las relaciones interpersonales (negociación, terapia, superación de fobias, etc).

La PNL se basa en tres supuestos, que a su vez, son analizados por tres técnicas:

Movimientos oculares: la PNL mantiene que la dirección de la mirada al pensar nos hace procesar la información de manera distinta, y dependiendo de hacia que lado se mire se estará recordando o creando/inventando. La manera de respirar o la postura de los hombros influye en la forma de procesar la información.

Las palabras nos delatan: la PNL sostiene que nuestra forma de pensar tiene mucho que ver con nuestro estado de ánimo y emociones.

Los niveles de comunicación del individuo: además del estado consciente, que podemos controlar libremente, existen otros más profundos, que controlan niveles y estructuras de nuestra experiencia.

Una de las técnicas más utilizadas es el “anclaje” en la que tocamos una parte del cuerpo o pensamos en un objeto mientras nos encontramos relajados profundamente. Más tarde, en un momento de tensión, recordaremos ese objeto o tocaremos esa parte del cuerpo creando una asociación entre la representación del estímulo y la sensación de relajación.

Otra de las técnicas es la hipnosis; hay autores que aseguran que se puede inducir a la hipnosis o manipular a la persona si usamos un tono calmado y sereno.

Por último está el “Rapport”. Es cuando al sintonizar nuestro lenguaje no verbal con otra persona (respiración, movimientos, etc) podemos conseguir, al más mínimo cambio, que la otra persona cambie su respiración, sus movimientos o su tono de voz. Una vez sincronizados, los dos mantendrán la misma actitud.

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