La playa y el sol son los atributos más asociados al verano, especialmente en climas cálidos. El paradigma de unas estupendas vacaciones veraniegas es relajarse en una tumbona al sol frente a una playa tropical. Cualquier anuncio vacacional incluye imágenes de este tipo y generalmente es una experiencia gratificante para nuestra psiquis, pero no siempre es así para la piel.

Nuestra piel necesita del sol para producir la vitamina D tan importante para tener huesos fuertes, eleva la inmunidad e incluso existen enfermedades como la psoriasis donde la exposición al sol y al agua del mar (heliotalasoterapia) beneficia y ayuda a la curación de sus lesiones. Sin embargo todo este beneficio se puede convertir en perjuicio si no se toma el sol de forma moderada y en horarios donde no es tan intensa la radiación ultravioleta.

En décadas pasadas exponerse todo el día al sol y exhibir un color bronceado era sinónimo de salud, hasta que al pasar los años la aparición de diferentes tipos de cáncer se comenzó a relacionar con esta práctica, además se comprobó que provocaba envejecimiento cutáneo prematuro, con la aparición precoz de arrugas y manchas estéticamente no deseadas, daño que resultaba ser irreversible (fotoenvejecimiento).

Mientras más claro es el color de la piel, menos melanina posee, el cual es un pigmento que protege contra las radiaciones ultravioletas. Por tanto aquellas personas a quienes la exposición al sol los enrojece en lugar de broncearlos son más susceptibles a sufrir estos efectos nocivos.

El agua de mar es también muy agradable y además de resultar relajante posee minerales y oligoelementos que ayudan a la cicatrización y descamación de procesos cutáneos. No obstante no está libre de riesgos, en las playas existen muchísimos animales y microorganismos que provocan erupciones diversas, algunas solo pruriginosas, otras tan graves que pueden llevar a reacciones alérgicas severas que comprometan la vida. A todo esto adiciónele muchas horas en un medio acuoso provocando un trastorno del pH que dejan la piel extremadamente seca y deshidratada.

¿Qué hacer entonces? Privarse de las delicias del verano no es la solución. Siga las orientaciones que a continuación les ofrezco y continúe disfrutando del sol y la playa y luciendo una piel saludable.

Cuidados de la piel expuesta al sol y la playa:

  • Utilice protector solar: Siempre úselo media hora antes de exponerse al sol y vuelva a aplicarlo con frecuencia si va a nadar, aplicarlo una sola vez cuando llega a la playa no va a protegerlo adecuadamente .
  • Evite las horas de sol intenso: Existen controversias con las horas más seguras, algunos consideran las horas  peligrosas de 10 am a 3 pm otros más al mediodía, depende de la latitud en que se encuentre.
  • Use otros medios de protección: Sombreros, camisones, sombrillas y gorras le ayudaran a evitar una exposición al sol dañina y directa.
  • Tome abundante agua: Así se mantendrá hidratado, le recomiendo además alimentos frescos, especialmente frutas, fuente de vitaminas que benefician su cutis.
  • Tome una ducha de agua clara: Evitara que queden microorganismos en su piel que le pueden provocar posterior picazón e irritación.
  • Utilice cremas hidratantes: Al finalizar un dia de sol y mar lo mejor para su piel es hidratarla con cremas que rehabilitaran cualquier daño ocasionado.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: