Con la llegada del verano son muchas las personas que deciden aprovechar los meses de sol y calor para realizar deportes náuticos, ir a la playa, visitar ríos o lagos o, simplemente, pasar un buen rato en una piscina dándose un buen baño.

La emoción que traen consigo las vacaciones, las expectativas de diversión, el reencuentro con amigos y los deseos de pasarlo bien, hacen que muchas veces se nos olvide tener en cuenta una serie de precauciones y cuidados al momento de entrar a bañarnos en una piscina.

Como consecuencia de esto, un número no desdeñable de personas terminan sus vacaciones en la cama de un hospital o, en los peores casos, no las terminan. Una de las normas de precaución que no es tenida en cuenta algunas veces y puede causar serios daños en nuestro cuerpo es no realizar clavados en piscinas desconocidas o a las que acudimos por primera vez.

Si la piscina en la que realizamos el clavado no tiene una profundidad suficiente, el riesgo de una lesión de la columna vertebral es muy alto. Se pueden presentar fracturas vertebrales a distintos niveles de la misma pero el lugar que más puede lesionarse es la columna cervical (segmento entre la cabeza y el inicio del tórax).

Además de las fracturas, se pueden presentar daños mucho más graves como la lesión o sección de la médula espinal. Si esto se presenta, la persona tiene riesgo de presentar un déficit neurológico permanente y, según el nivel de la lesión, quedar condenada a una silla de ruedas de por vida.

Si el daño en la médula espinal es lo suficientemente alto (entre más cerca al cerebro las consecuencias son peores), no solo puede presentarse paraplejia (incapacidad para mover los miembros inferiores) o cuadriplejia (incapacidad para mover miembros superiores e inferiores), sino que puede sobrevenir la muerte por la alteración de los centros de la respiración y otros centros vitales.

Por lo tanto es recomendable que si no estamos familiarizados con la profundidad en la que nos pensamos dar un baño, es mejor entrar paulatinamente y con cuidado, en lugar de realizar clavados o saltos que puedan poner en riesgo nuestra seguridad.

Una recomendación que nos puede prevenir dolores de cabeza durante el verano.

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