? Piromanía en el Festival

Recuerdo la cruel persecución que hicimos por las canchas deportivas y posterior acoso con caracteres de linchamiento de aquel profesor que huía frenético, veloz y enloquecido presa del pánico por el fuego que minutos antes se había apoderado de su chaqueta de paño, por la bola de trapo empapada de petróleo, que ardiente como otras tantas que cruzaban por los aires resplandecientes y que alguien se la había arrojado ex profeso, la noche de la Vaca Loca, celebración que hacía parte del repertorio de actividades de la semana mal llamada “cultural”, que anualmente se llevaba a cabo en el Colegio y que para esta oportunidad había sido hábil y fríamente planeada.

Se acordó previa y perversamente que lleváramos esa noche unas pistolas plásticas de juguete que usualmente se llenaban con agua y disparaban abundantes chisguetes de líquido, siendo sustituido para la ocasión por petróleo, y vertido con gran sigilo sistemático por cada uno de los conspiradores en la chaqueta del desdichado y distraído profesor, quien participaba activamente del evento. La cual estando totalmente entrapada, como es obvio, se tornó altamente inflamable y al menor contacto con el fuego se prendió al instante como una tea desestabilizadora, dando lugar a la loca y desenfrenada carrera de pavor y angustia de éste, como la inmediata y premeditada reacción persecutoria de ciertos bribones quienes gritando a todo pulmón como hordas incendiarias de asalto corrían a la par, hucheando a los demás. Al lograr alcanzarlo, cercarlo y arrinconarlo sin aliento como a un fugitivo, aprovechamos para arrojarle certeros manojos de terrones de tierra y arena a satisfacción por todo el cuerpo, en especial impactos dirigidos y lanzados a la cabeza y la cara, con el supuesto de estar auxiliándolo oportunamente de tan deplorable, peligrosa y flameada situación.

Recuerdo el trágico aspecto en que vino a quedar esa noche el exhausto educador, todo cubierto de tizne, sólo se destacaban sus desorbitados, enrojecidos y crispados ojos cafés, su cabeza con el pelo sucio de tierra y cagajón entorchado en jirones chamuscado. Su vestido irremediablemente perdido, desgarrado y humeante, sus zapatos por más que se buscaron nunca aparecieron, según se dijo; su organismo golpeado y lleno de magulladuras y futuros moretones, sosteniéndose con dificultad haciendo gala del malabarismo mágico del bipedismo humano.

Pero lo insólito, peculiar e inaudito de esta circunstancia irracional y dolorosa eran las efusivas demostraciones y frases de fraternal gratitud que nos manifestaba repetitivamente en torno a las brazas atizadas de la hoguera, que como buenos y leales camaradas compartíamos al calor del brandy en santa unión, con gran lucidez después del insuceso y ya de madrugada por haberlo salvado tan oportuna y heroicamente de aquella segura combustión. Afortunadamente para su salud psíquica y mental, jamás se enteró de la cruda verdad, porque bien se afirma, la verdad hace más daño que la mentira.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: