Pies de loto

 

“Una cara bonita es un regalo del cielo,

un par de pies bonitos es trabajo mío”

 Dicho chino                  

 

 

Cuenta una leyenda que cuando el niño Buda dio sus primeros pasos, en todos los lugares por donde pasó, nacieron flores de loto.

La flor de loto es asociada a Buda y sus enseñanzas, por lo tanto es considerada sagrada en los pueblos de Oriente.

También en la literatura clásica de muchas culturas asiáticas, se asocia con los atributos femeninos ideales, como lo son: la elegancia, la belleza, la perfección, la pureza y la gracia.

En la antigua China, a las mujeres que tenían PIES DE LOTO, se les atribuían todas estas cualidades y muchas más.

Pies de loto pies vendados

Existía una creencia popular de que la forma de caminar que tenían las mujeres con pies de loto, fortalecía los músculos vaginales y concentraba los nervios del pie en una superficie más pequeña, convirtiéndolos en una zona más sensible a los estímulos erógenos.

Los estudios realizados por un grupo de letrados japoneses, desde un punto de vista fisiológico, parecen dar crédito a dicha creencia. Éstos llegaron a la conclusión de que al ser mayor el esfuerzo que hacían estas mujeres al caminar, la vagina se volvía más estrecha, lo cual producía mayor placer al hombre en el momento del coito.

Resulta bastante irónico que hayan escogido unas palabras -pies de loto- que juntas dan la idea de lo místico y sublime, para nombrar el resultado de una tradición que procuraba en las mujeres -muchas veces desde su niñez- años de tortura y dolor.

También se le conocía por los nombres de: lirios vendados, luna nueva, bóveda armoniosa, sombra de bambú, castaña de agua, entre otras.

La madre, una anciana de la familia o una profesional en esa práctica, eran quienes iniciaban a la niña entre la edad de cuatro a seis años. Antes de comenzar se realizaba una consulta astrológica que indicaría el día propicio para el comienzo del rito de vendaje, se ofrecerían pasteles de arroz a los dioses para conseguir el favor de obtener unos pies suaves como esos pasteles.

El vendaje comprendía cuatro etapas:

Primera etapa: El primer día los pies eran puestos en remojo con hierbas para evitar posibles infecciones en la piel, y le cortaban las uñas tanto como fuera posible.

Luego de un masaje, los cuatro dedos más pequeños se fracturaban y se replegaban bajo la planta por medio de un vendaje de seda o algodón que envolvía el pie.

El vendaje se apretaba y se le colocaban unos zapatos puntiagudos que se iban cambiando cada dos semanas por unos más pequeños. Las niñas podían caminar pero sólo trechos muy cortos.

Segunda etapa: Se extendía durante más de medio año, la finalidad era conseguir un pie más fino. Cada tres días se retiraban las vendas, se desinfectaban los pies y se volvían a vendar más fuerte para ir formando la curva deseada. Durante este tiempo los pies supuraban y sentía un fuerte dolor.

Tercera etapa: Consistía en doblar el talón sobre la planta. Los nervios de los dedos fracturados en esta etapa están prácticamente muertos. Había ocasiones en las que el dedo meñique podía desprenderse del pie.

Cuarta etapa: Con un bambú tensado se pretendía aumentar el arco del pie. Este proceso podía llevar casi seis meses.

Durante los siguientes años, los pies seguían vendados, aunque la frecuencia con que los apretaban era menor. Existía la posibilidad de que se gangrenasen; aunque se estima que la mayoría sobrevió al procedimiento.

Además de los dolores padecidos durante la práctica del vendaje de los pies, padecían de dolores de espalda debido a la desviación de la columna producida por la deformación de las extremidades que no permitía que el peso del cuerpo se repartiera por igual.

Para que los pies se convirtieran en loto dorado, debían cumplir los siguientes requisitos: medir siete centímetros, ser delgados, pequeños, puntiagudos, arqueados, perfumados, suaves y simétricos.

pies de loto pies vendados

Pies de loto pies vendados

Se dice que la tradición comenzó, cuando el emperador Li Yu de la dinastía Tang (618-907) ordenó a una famosa cortesana del palacio imperial, vendarse los pies con cintas de seda y bailar sobre una plataforma que tenía esculpida una flor de loto.

Se sabe que las primeras que empezaron a vendar sus pies fueron las bailarinas del palacio, con el fin de resaltar la gracia de sus movimientos. De la corte se extendió a las clases altas y en el siglo XVI a todos los ámbitos de la sociedad.

El Confucianismo, con su énfasis en mantener el orden, la obediencia y la castidad dentro de la familia, también contribuyó a popularizarlo; pero con un sentido muy contrario al anterior. De resaltar la gracia de los movimientos, pasó a imposibilitarlos. Las mujeres tenían muy limitado el movimiento, sólo podían caminar a pasitos y recorrer distancias cortas, lo que hacía de su existencia algo más que una reclusión doméstica ya que no podían participar ni en la sociedad ni en la política. Eran completamente dependientes de sus familias y maridos por el resto de sus vidas. Por esta razón muchos consideran que esta tradición era un instrumento de opresión machista.

Las mujeres con pies de loto eran incapaces de realizar trabajos duros, por lo que era una característica de diferenciación social. Las familias muy pobres no podían permitirse vendar los pies a sus hijas porque éstas debían salir a trabajar y mucho menos podían costear los caros complementos -como por ejemplo: los zapatos, que se convirtieron en un símbolo de estatus-.

No todas las mujeres fueron obligadas a vendarse los pies, muchas lo hacían porque les proporcianaría una vida mejor.

Las mujeres que querían casarse tenían muchas más posibilidades de hacerlo si tenían los pies vendados. Los casamenteros las preferían porque esto demostraba que podían tolerar el dolor, serían obedientes y no se quejarían como esposas.

Las prostitutas también tenían la oportunidad de conseguir más clientes ricos.

Inclusive era un requisito para las cantantes de casas públicas, a las cuales se les exigía: pies vendados, el canto, el laúd y el baile.

La tradición se convirtió en un criterio de selección y belleza en la época.

Muchos hombres se encaprichaban con los pies de lotos, algunos hasta mojaban los pies vendados en una tetera para saborear mejor el té, otros utilizaban los zapatos para tomar licor. Se sabe que en la disnatía Ming (1368-1644) se fabricaron vasos de porcelana con forma de zapatos para beber alcohol.

Manuales sexuales de la época describían numerosos actos eróticos que involucraban los pies de loto; aunque se les advertía a los hombres que no miraran los pies sin los zapatos y sin los vendajes porque la estética sería destruida para siempre.

Por otra parte se dice que desenvolver los pies de loto provocaba un potente y desagradable olor, debido a la acumulación de bacterías entre los pliegues de los pies deformes.

Pies de loto pies vendados

Pies de loto pies vendados

Pies de loto pies vendados

Después de la caída de la dinastía Qing en 1912, el ejecutivo de la República de China prohibió el vendaje de los pies; aunque en la clandestinidad especialmente en zonas montañosas se seguía realizando.

La prohibición fue más efectiva cuando el comunista Mao Zedong proclamó la República Popular de China. En ese momento las mujeres con pies de loto pasaron de ser admiradas a ser objeto de burlas.

Décadas despúes de la prohibición, una fotógrafa británica retrató a las últimas mujeres que tenían pies de loto en China. La mayoría ya estaba alrededor de los ochenta años.

Pies de loto pies vendados

En la literatura podemos conseguir estos dos libros que tocan el tema con detalle:

El abanico de seda de Lisa See es un libro que cuenta la historia de dos amigas -una rica y otra pobre-, que explica con mucho detalle el proceso de vendaje en la China medieval.

 

Viento del este, viento del oeste de Pearl S. buck, es otro libro que cuenta la historia de una mujer china que tenía los PIES VENDADOS.

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