Con el verano usamos un tipo de zapato más descubierto que expone a nuestros pies al efecto del ambiente en el que estamos, es decir, está expuesto más al rozamiento y a los efectos del sol.

Es habitual que la piel de los talones se seque y tengan un aspecto un poco feo, por eso sería recomendable dedicarles un poco de tiempo a nuestros pies, como hacemos con otras partes de nuestro cuerpo que son más sensibles en verano, es el caso de la piel o el cabello.

Pero no solo los talones sufren, los pies sudan y el calzado nos produce rozaduras, ampollas y pequeñas heridas que pueden llegar a ser una molestia a la hora de caminar.

El sudor también trae consigo el mal olor en nuestros pies. La proliferación de hongos en piscinas o gimnasios puede afectarles negativamente.

Lo más importante para empezar a cuidar los pies desde el principio es usar un calzado adecuado. En verano es aconsejable usar zapatos un poco descubiertos para evitar la sudoración excesiva y hacer que el pie transpire.

En farmacias o hipermercados podemos encontrar polvos o aerosoles que evitan la sudoración de los pies y favorecen el buen olor.

Sobre todo intentaremos evitar que nuestros dedos se llenen de hongos cuando vayamos a piscinas o lugares públicos, a los hongos les encanta la humedad y proliferan por esos lares. Siempre utilizaremos zapatillas de goma, evitaremos así que el pie este en contacto con el suelo.

Si vamos a realizar una exposición prolongada al sol, también es bueno que apliquemos protector solar a los pies.

El cuidado y limpieza al llegar a casa de los pies es primordial, si están muy secos hay diferentes cremas hidratantes para aplicar y si hay partes muy duras la piedra pómez o una lima especial las eliminan. Después de limpiar y limar bien las impurezas de nuestros pies aplicamos la crema hidratante antes de irnos a dormir, hará efecto durante la noche y nos levantaremos con unos pies suaves y sedosos.

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