Hace unos años descubrí esta maravillosa salsa, que además de tener una elaboración sencilla, tiene unos grandes beneficios para la salud, y es un comodín perfecto para la creación de platos.

La albahaca es el ingrediente principal, de ahí el color verde tan característico de la salsa. La albahaca es una hierba aromática que proviene de regiones del trópico de Asia. Debido a su delicioso sabor y el olor tan prominente es propicia para el uso culinario, pero además, tiene muchos beneficios para la salud porque es una planta medicinal. Posee aceites esenciales que son excelentes antioxidantes para el cuerpo.

Elaboración

Nunca nos saldrá una buena salsa pesto si no usamos albahaca fresca. Ahora es muy fácil conseguir esta hierba aromática en supermercados, o bien ya preparada con las hojas cortadas, o en macetitas pequeñas. Supermercados como Mercadona o Lidl suelen tener siempre y por menos de un euro adquirimos albahaca de calidad. Está la opción de cultivar albahaca en casa y tener siempre a disposición para uso cotidiano, pero advierto de la delicadeza de la planta que necesita unas condiciones climáticas complejas de simular en el hogar.

Ingredientes base:

Albahaca (abundante cantidad de hojas, dos puñados)

Aceite de oliva (tres cucharadas grandes)

Ajo (un diente de ajo, aumentar o disminuir al gusto)

Piñones medio vaso (O cualquier fruto seco del que dispongamos)

Queso Parmesano

Sal

 

Los ingredientes mencionados son para la realización de la salsa pesto clásica, luego os mencionaré unas variantes muy interesantes.

Hay que comenzar poniendo todos los ingredientes a la vez en un vaso batidor y trituraremos hasta tener la salsa. ¡Ojo!, aquí hay que tener especial cuidado, la batidora debe estar a la mínima potencia, o ir batiendo a una velocidad elevada con pausas, para que no se caliente, ahí está el truco para que nuestra salsa no quede demasiado pastosa y mantenga un color verde intenso. La picadora es un buen aliado, e incluso se puede realizar con mortero, es una opción lenta y más costosa, pero que en algunas zonas de Italia se sigue practicando, haciéndose tal y como en la antigüedad se originó la receta.

A partir de aquí podemos hacer variantes, yo por ejemplo, en algunas ocasiones suelo echar medio aguacate, también cambio de frutos secos, añadiendo nueces, almendras, o combinación entre varios, por ejemplo mitad de almendras y mitad de piñones. El queso también puede sustituirse por alguno de oveja, o variantes similares. Para veganos no hay ningún inconveniente puesto que la salsa sin el queso queda igual de buena, con una textura consistente, aglutinada igual que con el lácteo.

La receta más popularizada es la pasta al pesto. Con este sencillo plato podremos ser los reyes de la cocina en una cena con amigos, o para deleitar en cualquier encuentro gastronómico. La preparación es sencilla; cocemos la pasta y añadimos la salsa, picamos unas hojas y las ponemos encima del plato a modo decorativo junto con unos tomates cherry partidos por la mitad. Si queremos que nos salga no muy pastosa echaremos dos cucharadas de agua de la cocción de la pasta, hasta conseguir la textura que deseemos. El resultado es un plato de pasta rico, vistoso y muy sano, apto para veganos y vegetarianos.

Pero las oportunidades de la salsa pesto son amplias y van más allá de la pasta. Desde un acompañamiento a una carne roja, para realzar el sabor de una sopa de verduras, o un aliño para nuestras ensaladas. Versátil de igual modo en la temperatura, sirve para una receta fría o caliente. Ideal para comer durante todo el año, en invierno o en verano. Una vez pillemos en punto a la salsa, las posibilidades son ilimitadas.

Para concluir, el pesto es un gran aliado para la salud, muy sencillo de elaborar, que no requiere de una inversión elevada ni de tiempo, ni de dinero y nos hará quedar muy bien con los invitados y con nosotros mismos.

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