Las personas tóxicas.

Mucho he escuchado en los últimos tiempos acerca de las personas tóxicas, esas que además de desagradables, te envuelven en sus conflictos personales ya sean psicológicos, espirituales o problemas concretos de la vida diaria. Van dejando una estela a su paso de amargura, odio, resentimiento y malas energías que, cual enfermedad contagiosa te sorprende al final del día y te hace preguntarte porque tienes esa sensación de tristeza y desencanto.

No siempre son malas personas, no siempre las puedes mantener alejadas porque pueden formar parte de tu vida diaria, como familiares, amigos o compañeros de trabajo. Así que nada ganas con querer seguir el consejo de los tres monos sabios “Nada veo, nada oigo, nada digo” para mantenerte libre de las perturbaciones que ocasionan en tu diario vivir.

Aquellos que puedes excluir de tu mundo, déjalos ir, no sin antes hacer un intento por mejorar su calidad de vida, dándole pistas para que se liberen de sus cargas emocionales. Los que son tus allegados a veces necesitan entrenarse en ser felices, porque no saben, y han cargado tanto tiempo sus amarguras que no logran librarse de ellas. Ayúdalos, aconséjalos, pon tu ejemplo como guía. Si aún así no lo logras, solo páralos, déjales claro que no vas a admitir palabras negativas de ninguna índole, que tu estilo de vida y tus propósitos personales no lo admiten. Es mejor ponerse colorado una vez que muchas veces rosado.

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