En el ex Fundo La Calera,  ubicada en el distrito de Surquillo, Lima,Perú, se observa el trajinar de un conjunto de carteros.

La mayoría son hombres, pocas mujeres. Casi todos son transeúntes. Pocos usan bicicleta para movilizarse.

Los que corresponden al servicio oficial, público, tienen uniforme y un voluminoso maletín que los identifica.

En verano e invierno, en todas las estaciones del año tienen su contratiempo,por el calor por el frío,´por el peso de la correspondencia,por las dificultades para ubicar los destinos.

Hay dos del servicio público que se distinguen.Uno por ser admirador de Baco y devoto de San Pao, delgado y de lento caminar sobre todo cuando ha visitado al santo de su devoción,y dibuja muchas eses en su camino, aparte de volverse comunicativo con todos los del lugar.

Otro cartero grueso  de contextura, se vuelve comunciativo para la fiesta de Navidad, tarjeta a domicilio incluída, la que tiene su respuesta de los lugareños en el día del 24 de Diciembre.Se la sabe buscar, como decimos corrientemente.

La mayoría de carteros son de servicios de correos privados, siempre corriendo, siempre eficientes, salvo raras ocasiones de confusiones y olvidos.Entre ellos no se aprecian devotos de San Pao, amigos de Baco o Comunicativos por fechas especiales.

Lo de cumplidores y eficientes también se puede aplicar a los el servicio público, con sus vocaciones, debilidades  o curiosidades como las nombradas.

Mención aparte merecen los repartidores de volantes  o propaganda de diferentes negocios, que en buen número recorren las calles de las distintas Urbanizaciones de La Calera.

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