A veces el viento sopla suavemente y en silencio;

pero otras veces es fuerte, trae voces de muy lejos...

y como un susurro dice

que en la distancia hay acentos de voces que aquí estuvieron.

¡Oh, las distancias azules! ¡Oh lejanías sin tiempo!

Distancias que van tejiendo soledades y misterios;

distancias sabor de lágrimas que al caer se vuelven hielo:

Frío de arcanos recuerdos, hielo de sombras sin dueño.

Vientos con calor de manos que buscaban con empeño

truncar el sueño” enemigo” con misiles y morteros;

pero un presagio en el aire apagó el fiero deseo:

Sus manos fuertes temblaron, soltaron el fusil certero:

“Dios,  que vives en el cielo – gritó una voz desde adentro –

no me abandones ahora; dame fuerzas que me muero...”

Pero Dios no está en la guerra, El no está con los violentos.

No con armas destructoras que a su paso dejan huérfanos:

“Tamo que arrebata el viento, olas que estrella el océano”.

¿Cómo puede el Dios eterno oír tu oración falaz?

El ha destruido a reyes, pero en justicia, y lo hará!

Lo hará sí, dentro de poco, por derecho...! y sin crueldad.

Pues del todo deseable, como el oro, es su lealtad!

El soldado cayó inerte, rosas tiñeron el suelo...

Su madre tendrá una bandera, ni uno solo de sus besos;

Y “su patria” está gritando angustia, rabia y desconsuelo.

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