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Son un regalo de los muchos que la naturaleza nos da para que las utilicemos para embellecernos y hacer más grata la vida, aunque son el producto de un accidente fortuíto y son el resultado de un proceso de enquistamiento producido por una partícula extraña dentro del cuerpo de los moluscos, especialmente los "bivalvos". Se ignora quienes fueron los primeros que extrajeron las primeras perlas de las ostras para luego usarlas de adorno pero dado que su brillo es muy llamativo, seguramente su utilización se viene haciendo desde la prehistoria.

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En el campo de las perlas auténticas se distinguen dos tipos, las naturales y las cultivadas y se diferencian solo en que las naturales la perla se ha producido por un accidente natural y las cultivadas son iniciadas por la mano del hombre. Las cultivadas representan actualmente un 90% de la cantidad de perlas que se comercializan pues se producen en viveros o granjas acondicionadas con la temperatura adecuada y cuidados de higiene que necesitan las ostras para el desarrollo de las perlas.

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La única manera de diferenciar una perla natural de una cultivada es con los rayos X que es cuando se ve el cuerpo que ha dado origen a la perla ya que las cultivadas tienen un mismo tipo de cuerpo determinado según el criador. Por otro lado, las perlas de imitación son hechas de forma artificial por el hombre y se suelen hacer de vídrio o plástico que se barniza imitando el color de las perlas. Este tipo de piezas carecen de valor y no se pueden considerar joyas. Los expertos en perlas las saben diferenciar con solo verlas.

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El proceso de crecimiento de una perla es un accidente maravilloso que empieza cuando un cuerpo extraño se sitúa dentro de la carne de la ostra y esta no consigue expulsarlo, puede ser un grano de arena, una partícula de roca o un pequeño parásito. Entonces se inicia una acción defensiva y la ostra empieza a segregar una sustancia cristalina alrededor del objeto molesto con el fin de protegerse de la irritación que causa el intruso. La sustancia segregada se llama nácar y se van produciendo capas hasta que el objeto molesto queda totalmente encerrado. El resultado es una apreciada y brillante gema llamada perla. Las perlas cultivadas también pueden considerarse naturales ya que la única diferencia es que interviene la mano del hombre para ayudar al proceso que es el mismo que el de cualquier perla.

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