Esmeralda, entró en el "SÁNDALO", como siempre hacía desde hacía, más de treinta años: con la solemnidad de una reina, pues de su reino se trataba. Todos en el local, la saludaron, con el debido respeto, a la Jefa. Y ella, hizo lo mismo, con sus empleados. Al fin y al cabo, eran su familia, ya.

Se sentó en su mesita, y buscó en su bolsito de piel de serpiente autentica, su paquete de de "WISTONS", mientras Luz del Alba, la camarera más veterana del burdel, la servía su acostumbrado martini. Esmeralda, la sonrió, y exhaló por la nariz, una profunda bocanada de humo. Y miró a su alrededor, satisfecha. Después de más de treinta años, dedicada a la prostitución, era la máxima empresaria del sector. Sus ojos verdes brillaron, de satisfacción. Unos ojos verdes, que junto a su piel canela, y su exclusivo perfume, la habían hecho la mujer más codiciada de todo Madrid. Miles de hombres poderosos, la enriquecieron, e incluso más de uno se quitó la vida, al ser firmemente rechazado, por la mejor. Por la gran Esmeralda. Pero, de repente, sus ojos se nublaron al recordar sus duros comienzos.

Cuando tenía 16 años, en los duros años de la posguerra, su padre, enloqueció de pasión por su propia hija, violándola repetidas veces, hasta que la joven Esmeralda, se quedó embarazada de su propio padre. De nada sirvieron sus llantos y  sus súplicas. Y mucho menos, la terrible confesión, que agravó más el asunto, si cabe. Sus padres, impeterritos la echaron de su casa, y se encontró, en la calle, embarazada, y sin saber ningún oficio. Como es natural, terminó en el peor prostíbulo de la ciudad. Pero, pronto cambió de lupanar por otro de más categoría, donde la dueña, se enamoró de su joven pupila. Mas, Esmeralda, escarmentada se prometió a sí misma no enamorarse de nadie, hombre o mujer, y sí aprovecharse de ellos. Y así lo hizo con Mercedes, la proxeneta de su segundo burdel. Ésta, la llevó ha París, donde la vistió de Alta Costura, e incluso la llevó a "LA MANSIÓN DE LOS PERFUMES", donde adquirió su verdadera personalidad, su perfume único y personal, de sándalo y naranja*. Sándalo hindú, profundo y misterioso como sus ojos verdes. Naranja, alegre y chispeánte como la propia Esmeralda. Y aprendió algo más, que ése perfume bien empleado, le servía como elixir de la eterna juventud. Y desde entonces, su ascenso social fue rapidísimo, llegando ha poseer además de sus burdeles, salones de belleza, donde las mujeres de sus clientes, se hacían aconsejar, por su más directa rival, en como conquistar a un hombre, y hacerlas ver que les vendía su exclusivo y mágico perfume. De nuevo, sonrió, satisfecha consigo misma...

 

--Buenas noches Doña Esmeralda.--dijo un joven voz masculina.

 * El perfume de sándalo y naranja, no existe. Existía, una versión de varillas de incienso, "SANDESH AGARBATHI. CO". Ahora sustituída, por otra de patchulí y naranja. Nada que ver ésta versión, con la anterior

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