El perfume: Historia de un asesino”, de Patrick Suskind, es un libro fascinante cuyo argumento narra la historia de Jean Baptiste Grenouille: un ser abominable cuya obsesión por poseer un olor lo llevó a convertirse en uno de los asesinos más crueles de la historia de Francia.

En su esencia, el argumento de este libro trata acerca de Grenouille, sus vicisitudes desde pequeño, así como todo el proceso que constituyó su vida como una persona que no tenía un olor natural, y que, sin embargo, poseía un olfato súper desarrollado.

La búsqueda de algo que le propiciara la creación de un aroma perfecto, que le permitiera distinguirse entre el resto de los hombres, fue la principal razón de su existencia, y lo que lo impulsó a cometer crímenes escalofriantes.

Después del vil asesinato de una veintena de jóvenes doncellas, seleccionadas de acuerdo a su fragancia, Grenouille logra fabricar su perfume, pero al usarlo como olor propio en el Cementerio de los Inocentes, un lugar donde se reunía la lacra parisina, aquel aroma logra desatar los más frenéticos impulsos de aquellas personas, las cuales se precipitan encima de Grenouille, atraídos por una fuerza superior a su razonamiento, y con ayuda de cuchillos lo despedazan, se pelean por las partes de su cuerpo, y como bestias las devoran.

La génesis de los conflictos psicológicos de este personaje es el hecho de que, al nacer, no tenía olor contrario a las demás personas. Y es esta situación la que trae consigo que su existencia se revele como un objetivo que siempre va a perseguir, y esa conciencia no le permitirá dejar de pensar en lo que constantemente lo va a estar diferenciando del resto de las personas. Es por eso, que su vida estará determinada por este conflicto: poseer un olor que lo distinguiera entre los demás seres humanos.

La obsesión a la que se subordina la psicología de Grenouille establece una combinación coherente en la degradación que sufren sus prioridades humanas y sus acciones desenfrenadas y atrayentes. La sutileza con que nos involucra en la trama nos convierte en cómplices de cada uno de estos asesinatos. La naturaleza grotesca y ruda de Grenouille en un primer momento nos provoca un cierto rechazo o desprecio hacia su persona, posición que radicalmente cambiamos a medida que nos identificamos con su necesidad de tener las características comunes de los seres humanos. De modo que aquí se evidencia la determinante influencia que tenían los rasgos físicos sobre su psicología. Se muestra en todo momento con una indiferencia que lo define como: frío, inhumano, calculador. No se puede evitar el sentirse impresionada por la extraordinaria crueldad con que ese ordinario ser nos revela y nos arrastra a asumir la realidad de sus acciones.

El personaje de Grenouille, en todo momento está siendo determinado por su ser interior; siguiendo los pasos que le dicta su conciencia ha creado todo un mundo con un único objetivo: la necesidad imperiosa que tiene por preservar el olor; esta constituye una búsqueda sin descanso, la creación de esa esencia perfecta lo convertirá en un ser superior: la personificación de un dios, por llamarlo de alguna forma. Conseguirá ser adorado por todos los que lo rodean e incluso se hará notar por encima del resto de los seres humanos. Y esto es lo que más desea, que los demás sepan que él existe.

Todo lo que ocurre a su alrededor, los problemas que afectan la realidad en la que vive, no le interesan, lo que hace que no sienta inconformidad con el mundo que lo rodea; no constituye para él una prioridad. Su prioridad está precisamente en encontrar el motivo que define su existencia, su razón de ser y por la cual vive. Aunque constantemente busca conseguir esta meta que se ha trazado, cuando se percata de que le falta un ingrediente para lograr lo que será su obra maestra, se siente inconforme, rabioso, impotente.

Estas y otras características ligadas a las acciones de este personaje determinan su carácter en la formación de una personalidad que se nos muestra vacía, sombría, donde los principios más elementales de todo ser humano entran en crisis, a tal punto, que se hace necesario pensar en la posibilidad de borrar la existencia de Grenouille de la faz de la tierra, tal y como concluye su historia.

En cuanto a los crímenes cometidos por Grenouille, podemos decir con certeza que estos están estrechamente relacionados con la psicología de este personaje, que ya tratamos anteriormente. Para analizar este aspecto nos enmarcaremos en el primer y el último crimen, los cuales consideramos más importantes.

El susto de verlo la dejó pasmada, por lo que él dispuso de mucho tiempo para rodearle el cuello con las manos. La muchacha no intentó gritar, no se movió, no hizo ningún gesto de rechazo y él, por su parte, no la miró. (…)

Cuando estuvo muerta, la tendió en el suelo entre los huesos de ciruela, le desgarró el vestido y la fragancia se convirtió en torrente que lo inundó con su aroma. Apretó la cara contra su piel y la pasó, con las ventanas de la nariz esponjadas, por su vientre, pecho, garganta, rostro, cabellos y otra vez por el vientre hasta el sexo, los muslos y las blancas pantorrillas. La olfateó desde la cabeza hasta la punta de los pies, recogiendo los últimos restos de su fragancia en la barbilla, en el ombligo y en hueco del codo.[1]

En este crimen, tal como se aprecia, y teniendo en cuenta las circunstancias que lo llevaron hacia la víctima, podemos decir que no existe una premeditación por parte de Grenouille. Es el resultado de la atracción que esta fragancia significó para el asesino, lo que trajo consigo que sus obsesiones se abrieran paso y la idea de poseer este olor en su “catálogo olfativo” se impusiera ante la razón, a tal punto que terminó asesinándola. Sin embargo, en este momento Grenouille se presenta de una manera tan humana y común que hasta podríamos decir que no inspira el terror y la repugnancia acostumbrados, tanto es así que la joven no grita, ni realiza ningún gesto que podamos decir demuestra temor.

Empujó la ventana, se introdujo en el aposento y dejó el paño a un lado. Entonces se volvió hacia la cama. La fragancia del cabello dominaba porque la muchacha dormía de bruces con el rostro enmarcado por el brazo y apretado contra la almohada, en una postura ideal para el mazazo en la nuca.[2]

En el último crimen, sin embargo, ya observamos una intención marcada de asesinar conscientemente. Esto lo vemos claramente en el fragmento anterior, con la observación acerca de la posición de la muchacha. Ya esta víctima, Laurie Richie, había sido perseguida por Grenouille, el cual, en su intento por poseer su fragancia, que era la elegida para la ser el elemento que completara su obra maestra: un perfume superior, un perfume de ángel que lo distinguiera en el mundo, la había acechado y perseguido, sorteando todos los obstáculos hasta llegar a ella.

Finalmente apreciamos un cambio hasta en la forma de asesinar, lo que denota una mayor frialdad en su persona, ya que, a diferencia de la primera víctima, que murió estrangulada con un abrazo mortal, la segunda muchacha fue muerta de un mazazo en la nuca, resultado de una personalidad y actitudes que se iban moldeando según sus necesidades urgentes: la obtención de esa fragancia, ante lo cual, todo lo que pudiera ser necesario en el mundo, se volvía imperceptible.

Concluyendo, podemos decir que esta obra, sin lugar a dudas, es una fiel exponente de un realismo desmesurado, donde el autor se sirve de elementos tan técnicos como la explicación de procedimientos químicos para hacer comprender mejor al lector la inteligencia innata, así como las actitudes de su personaje protagónico. Nos sitúa además en tiempo y espacio con certeras explicaciones y a través de descripciones, que, contrario a ser aburridas y con ayuda de un estilo único, nos hacen disfrutar la obra al punto de sentirnos partícipes de ella.

[1] PATRICK SUSKIND: El perfume: Historia de un asesino. p. 52

[2] Ibid, p. 238.

Historia de un asesino

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