Las personas nos podemos herir de mil maneras diferentes y no siempre es fácil PERDONAR. No obstante, se trata de una actitud muy beneficiosa para la salud física y mental. Ser capaz de perdonar, y pedir perdón, no solo es el reflejo de una personalidad madura, sino que reduce el riesgo de sufrir ansiedad y depresión. Por el contrario, guardando el resentimiento, pensamientos negativos o ira puede causar estrés o angustia, y puede acabar convirtiéndose en una depresión.

Perdonar también es bueno para la salud cardiovascular, ya que, según los estudios ayuda a disminuir la frecuencia cardíaca y la presión arterial. La calidad del sueño también mejora y se previene el insomnio, la fatiga y los síntomas somáticos. Además fortalece el espíritu, mejora la habilidad para resolver conflictos y aumenta la autoestima.

Perdonar no significa olvidar la ofensa o ser demasiado permisivo, sino más bien responde a una aceptación de lo que ha pasado para seguir adelante y no recordar con DOLOR. Para conseguirlo es necesario analizar y reconocer el daño que hemos sufrido. Se ha de hacer de la manera más objetiva posible y tratando de distanciarse emocionalmente. Este reconocimiento también pasa por tratar de comprender qué ha llevado al otro a actuar de esta manera, para establecer un proceso de empatía.

Llegados a este punto, es el momento de perdonar, una característica que es importante desarrollar cuando dejamos de lado el sentimiento de reparación o de justicia o venganza que se despierta cuando alguien nos ha herido.

Otra fase del proceso del perdón es donde se aceptan los pensamientos negativos o de IRA que puedan aparecer, ya que perdonar no exime al individuo de sufrir, pero no es necesario aferrarse procurando dejarlos ir. Después, se tendrán que establecer mecanismos de autoprotección y límites para evitar que suceda en un futuro.

Perdonar es saludable

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