EL PERDON


Hola Amiga,

 Te mando éste email a raíz de lo que estuviste comentando cuando nos reunimosen la actividad de nuestra amiga en común.

Nos contabas la experiencia que tuviste con una empleada, a la que habías tratado muy bien y que habías ayudado mucho, solo que resultó ser una ladrona.

Te llenaste de coraje y no la quieres ver ni en pintura. Yo sé que el tiempo lo disuelve todo, pero en estos momentos no resistes ni pensar en ella.

Te digo que no hay ni una sola experiencia que entre en nuestras vidas, de las cuales no seamos los únicos responsables. Ya sean experiencias buenas o malas.

Eso no exime a la empleada, de su responsabilidad, por las acciones que la llevaron a cometer actos mal calificados, en contra tuya, y aunque no lo creas de ella también; por lo tanto su historia es otra y las leyes naturales la van a encontrar y tendrá su lección.

 Por otro lado estás tú, dejándote llevar por tu ego herido. Lo único que tienes que recordar es que nosotros, los seres humanos, primordialmente hemos venido a este mundo a practicar el perdón. Para poder perdonar, nos tienen que herir.

Le tienes que dar las gracias a esa mujer porque te está dando la oportunidad de practicar el perdón. De otra forma vas a tener que repetir la experiencia una y otra vez, hasta que aprendas como es que tienes que pensar, reaccionar, y por ende, como es que tienes que proceder.

No le puedes echar la culpa a esa mujer por lo que te pasó. La culpa la tienes tú, ya que eso fue lo que atrajiste a tu vida de acuerdo a tu karma. Este conocimiento nos permite perdonar más fácilmente. A quién debemos perdonar es a nosotros mismos primero y luego a la otra persona.

Hemos venido a este mundo a perdonar

Imagen superior: Venimos a este mundo a practicar el perdón y para poder hacerlo nos tienen que herir de alguna forma.

 

Así como en los niveles superiores de existencia, tú eres perfecta, esa mujer también lo es, y eso es lo único que debes ver en ella. No debes ver su imperfección.

Ella también está viviendo sus experiencias, lo que atrae es pobreza y miseria, y está mucho, pero mucho, más atrasada que tú y que todos nosotros. Quizá en algún momento de nuestra evolución, estuvimos en el lugar en donde está ella.

Esto es parte del crecimiento que tenemos que vivir. Hay que entender que nosotros no somos nuestro ego, nuestro ego está relacionado con nuestra personalidad, y nuestra personalidad está relacionada con los 5 sentidos y con el cuerpo físico. Que es totalmente independiente de nuestra alma.

Somos seres creados perfectos como nuestro creador. De Él no puede salir nada inferior a Él.

Solo que estamos atrapados dentro de un cuerpo físico con su propia personalidad.

Por lo tanto nos toca trabajar a nivel espiritual, hasta poder plegar las alas de esa personalidad, que nos tiene controlados, y buscar y descubrir quiénes somos realmente.

Reconocer nuestro origen y permitir que la personalidad perfecta de nuestro verdadero ser, superior, sea quien guíe nuestros pasos, nos oriente y permitirle que la perfección de los mundos superiores se proyecte a nuestro mundo inferior y a nuestra personalidad inferior.

Nos mantiene sanos

Imagen superior: La práctica del perdón nos mantiene sanos

 

Cuando no perdonamos, mantenemos un estado de imperfección mental y emocional, eso lo que hace es que altera la vibración normal de las células físicas, produciendo enfermedades y desequilibro químico.

Los protones y los electrones de cada átamo que compone el cuerpo físico, se mantienen tristes y no funcionan a toda su capacidad o se alteran. Tienen que estar contentas para que puedan mantener el cuerpo sano, igualmente alegre. Parece un cuento de niños, pero es real.

Los medicamentos solo eliminan el efecto, pero la causa se mantiene latente en cada componente celular, lo que hace dificil la sanación.

El perdonar es otra forma de dar. Y aquí hemos venido a dar, más que ha recibir. Recibimos lo que merecemos, por lo tanto dediquemonos a dar y de esta forma perfeccionamos nuestra habilidad de superar las experiencias terrenales, y no permitimos que sean ellas las que nos dominen.

 

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