Percepción Precoz

Recuerdo la sorprendente impresión que siempre me causó el observar en mi niñez, los cilíndricos, desproporcionados y abotagados tobillos, forrados en aquellas medias de seda blanca amarillenta, estiradas a reventar, antagonistas de los piececitos de geisha, donde se apoyaban embutidos en los deformados calcetines negros, y que furtivamente asomaban como muñones al movimiento ondulatorio y acompasado cual eterno péndulo en la base de la sotana, amplio faldellín que no conocía cintura del Hermano Ballesteros, al paso de su paquidérmico ir y venir. No supe jamás qué padecería el obeso y ciclópeo Reverendo, sería la gula, saciada en la bien surtida y atiborrada despensa de la fraternidad.

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