Peral de la tía miseria

Aunque hay diferentes versiones en distintos lugares de España, la más conocida es la leyenda del peral de la tía miseria, su lugar de origen, Alicante

Hace mucho tiempo, vivía en Altea, Alicante, una mujer anciana que siempre iba vestida con andrajos y sucia, era conocida como la tía miseria. Su única forma de sobrevivir, era a través de las limosnas que recibía de la gente del pueblo, también utilizaba los frutos que le daba su peral.

Se las apañaba como podía para vivir, pero siempre aparecía algún desalmado que iba a su pequeño huerto a robarle su comida. Cuando pasaba esto, la mujer se quedaba sin comer durante varios días.

La tía miseria recibe una visita muy especial

Una noche, en la que una fuerte tormenta descargó sobre el pueblo, la anciana recibió una visita muy especial, la de un andrajoso vagabundo que quería reguardarse con ella y pedirle un plato de comida. La anciana compartió con él un plato de caldo que había preparado con la comida recibida.

Después de una amena charla, los dos se quedaron dormidos. Cuando se despertaron por la mañana, el anciano le confesó a la mujer que en realidad, él era San Antonio, y que por lo bien que se había portado con ella, le podía pedir el deseo que quisiera que él se lo concedería. Ella le dijo que no sentía la necesidad de tener nada más, él volvió a insistir, ante lo cual la anciana le pidió que todo el que fuera a robarle comida se quedara pegado al árbol.

Peral de la tía miseria

Desde aquél momento, cuando algún niño subía a robarle alguna fruta, se quedaba pegado a él. La anciana no le dejaba bajar hasta que llegaran sus padres.

Después de unos años en los que la anciana no pasó hambre, llegó la muerte a buscarla, esta le pidió que se subiera al árbol a buscarle alguna fruta para llevarse. La muerte también quedó pegada a él, tampoco pudo bajar del árbol por lo que nadie murió durante años.

Pero aquello no gustó a los más ancianos, por lo que decidieron ir a derribar el árbol, todos quedaro pegados a él y el árbol se balanceaba. Le pidieron a la tía miseria que los dejara bajar, esta accedió con una condición, que la muerte no fuera a buscarla hasta que ella la llamara tres veces.

Y así fue como la miseria se extendió por todo el mundo.

 

 


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