Pequeño Nicolás”. Así es como pasará a la historia Francisco Nicolás Gómez-Iglesias, este curioso personaje de 20 años de edad que ha asombrado en los últimos días a los ciudadanos con sus andanzas. Aunque las peculiares actividades del "pequeño Nicolás" han sido conocidas ahora, lo cierto es que, a pesar de su tierna edad, ya llevaba algunos años realizándolas sin que ninguno de los involucrados en ellas, directa o indirectamente, parecieran darse cuenta de sus delirantes fantasías megalómanas.

Nadie ha explicado aún quién permitió entrar al pequeño Nicolás a la ceremonia real

El "pequeño Nicolás" se relacionaba con los círculos políticos, sociales y económicos más influyentes

Procedente de una familia sencilla y sin haber terminado todavía ni siquiera una carrera universitaria, el “pequeño Nicolás” llevaba ya casi cinco años colándose en los círculos políticos, sociales y económicos más influyentes del país. De esa realidad dan buena muestra todos los documentos gráficos que ha dejado para satisfacción de todos los medios de comunicación, nacionales e internacionales. Porque, el “pequeño Nicolás” era un gran aficionado a hacerse “selfies” con todos esos personajes influyentes a los que saludaba con su mejor sonrisa y con los que se codeaba. El "pequeño Nicolás" se movía especialmente bien si esas amistades eran miembros del partido político que hoy gobierna en España. Y, la verdad es que todos le correspondían con un sonrisa y nadie parecía incomodarse con su presencia, aunque llegara a fingir ser agente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), o representante de la vicepresidenta del Gobierno y de la propia Casa Real. Incluso, una de las hazañas más notables del "pequeño Nicolás" fue asistir, sin que aún se sepa quién o quiénes le invitaron, a la coronación del nuevo rey, Felipe VI. Si no hubiera sido porque su megalomanía precisaba de una buena cantidad de dinero y la manera que se le ocurrió para conseguirlo fue intentar estafar a empresarios, indudablemente el “pequeño Nicolás” seguiría paseándose por los salones y hoteles de lujo, escoltado incluso por policías municipales. Otra de las inexplicables y curiosas cuestiones que rodean este sainete, porque tampoco ha sido nadie capaz de explicar quien ordenaba a los agentes hacer tal cosa.

 

Aznar estrecha la mano del pequeño Nicolás sin inquietarse ni sorprenderse por su presencia

El "pequeño Nicolás" es una paradigma de la situación actual en España

Pero, para ser sinceros, ¿nos debe extrañar que tal cosa suceda en España? El “pequeño Nicolás” es un paradigma nacional, es la demostración de lo que hemos llegado a ser. Siendo muy generosos con nuestra dejación como ciudadanos, podríamos defendernos quejándonos de hasta dónde nos ha obligado a llegar la clase dirigente. En España, hoy por hoy, la apariencia, la simulación de aptitudes y el intercambio de relaciones en las altas esferas es la mejor cualificación para una vida desahogada. Ni la formación, ni las cualidades para un cargo determinado son determinantes en casi ningún caso para formar parte de la clase poderosa de España. ¿Qué diferencia hay entre la simulación grosera del “pequeño Nicolás” y las aptitudes desconocidas y en absoluto demostradas que pueda tener la persona que actualmente desempeña el cargo de ministra de Sanidad, después de ver la gestión de la crisis del ébola? Y eso por poner solamente un ejemplo, sin incidir más en el resto de miembros del Consejo de Ministros. Los cargos políticos son desempeñados en base a relaciones de partido, de empresa, de compromiso, de cualquier cosa que nada tenga que ver con el curriculum. Su incapacidad siempre acaba por salir a la superficie y ahonda, más y más profundamente, en el descrédito generalizado del sistema democrático.

El pequeño Nicolás frecuentaba la compañía de políticos nacionales y extranjeros y personajes de los medios de comunicación

Y, ¿qué podríamos decir de los consejeros de Bankia, hoy en la picota por el escandaloso gasto personal realizado con tarjetas opacas a Hacienda? Ninguno de ellos tenía ninguna cualidad esencial. La mayoría, incluso carecían de conocimientos en la materia. Ocupaban cargos muy bien remunerados por acuerdos de partidos políticos, de sindicatos, de asociaciones empresariales. España, queramos o no reconocerlo, es el país en el que un entrenador de una selección de fútbol ha llegado a ser nombrado marqués y aupado como consejero delegado de una empresa como Iberdrola por haber ganado una competición deportiva. Mientras tanto, los que están verdaderamente cualificados, los ingenieros y jóvenes preparados, emigran de nuestro país porque no encuentran trabajo o el que encuentran no les da ni para comprarse la gomina que usaba el “pequeño Nicolás”.

Es lo que hay y el “pequeño Nicolás” es la criatura que entre todos hemos dejado engendrarse y que esos individuos que ocupan la élite entre tarjetas black, pensiones de lujo y recortes a los servicios esenciales de los ciudadanos, han parido en sus salones de lujo.

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