La buena suerte ampara a la mujer de esta historia

LA BUENA SUERTE

 

José Ramírez era un maltratador. Su mujer y sus dos hijos estuvieron años soportando su violencia, pero todo tiene un final.

Las relaciones con su familia siempre fueron tensas y la violencia aparecía a la mínima, pero todo empeoró cuando se fue al paro y el banco les embargó la casa.

Se tuvieron que ir de alquiler y aún debían parte del préstamo hipotecario. Los problemas económicos hacían que José fuese más violento y lo pagase con su familia.

Ella, aconsejada por su familia, decidió dar un paso hacia delante y presentar la denuncia contra su marido, le costó mucho, pero desde que se quedaron sin la casa la situación era insostenible, les pegaba a todas horas, él no tenía trabajo y pasaba mucho tiempo en casa. Tiempo que se dedicaba a increpar a su mujer y a sus hijos, cuando no les agredía.

La consecuencia fue que el mundo que José había creado alrededor de su familia se desmoronó. Primero fue detenido, luego llegó el juicio y posteriormente la orden de alejamiento de su mujer y sus dos hijos, con la consecuente pérdida de la custodia de los menores.

Tuvo que abandonar su casa e irse a vivir solo de alquiler.

La ira en él era total. En sí era una persona violenta, sobre todo con los que le rodeaban, pero ahora se sentía impotente, había perdido todo lo que le importaba. Su mujer e hijos eran sus posesiones, a los que manejaba a su antojo. Pero todo eso lo había perdido y quería venganza.

Él no se sentía un maltratador, veía normal agredir a su mujer ya que pensaba que le pertenecía y por lo tanto podía hacer lo que quisiera con ella. Esa era su mentalidad de maltratador dominante y posesivo, y nadie la iba a cambiar. Renegaba de los programas de reeducación para maltratadores y culpaba de todo al banco por embargarles la casa, de hecho más de una vez había dicho “SI NO FUESE POR EL BANCO MI MUJER NO ME HUBIESE DENUNCIADO”.

Es por eso que había planeado matar al director del banco. A él le había implorado que no le quitase la casa, se había humillado poniéndose de rodillas, a lo que el director simplemente se limitó a responderle que lo sentía, pero el banco no podía perder dinero y el embargo era inevitable.

José estaba harto y planeó acabar con todo aquel que le había perjudicado en su vida. Su objetivo eran el director del banco y sobre todo su mujer, se sentía traicionado por ella. Ya no le importaba nada, que lo metieran en la cárcel o lo que fuera, sólo quería venganza. Como buen maltratador que es, la violencia era la única posible solución a sus frustraciones.

Estudió durante dos meses los movimientos del director, para ello disimulaba y cada mañana iba al banco, bien vestido y con un maletín profesional de trabajo, entraba en la entidad bancaria y hacía algún tipo de gestión. O bien sacaba dinero, o esperaba en la cola varios minutos hasta que se iba. En alguna ocasión se acercaba a algún puesto de trabajo del banco y les preguntaba por la dación en pago que tenía pendiente por el embargo de su piso. Él sabía que eso estaba más que parado y que cuando respondiesen sería de manera negativa, ya que la única opción de conseguir esa dación en pago era ir a juicio, algo que no le apetecía lo más mínimo, tras haber pasado por el juzgado recientemente por la denuncia de su mujer.

De todas formas aquello lo hacía para disimular, ya que su fin era controlar las horas a las que llegaba el director al banco.

De igual manera tenía controlada a su mujer, la espiaba y sabía a qué horas dejaba a los niños en el colegio, cuando iba a hacer las compras y demás.

Lo preparó todo para ejecutar su operación un día concreto, ya que sabía que los viernes el director llegaba más tarde que el resto de los días de la semana. Ese retraso le permitía coordinar el asesinato del director con el de su mujer, ya que este hombre llegaba a las 9:30 al banco, mientras que su mujer llegaba diez minutos más tarde a su domicilio, el cual se encontraba a dos manzanas de la entidad bancaria.

Sucedió un viernes 13, se vistió de traje, cogió su maletín y a las 9:00 horas se dirigió al banco con un cuchillo escondido entre sus ropas. Estaba emocionado e ilusionado ya que había llegado el día de su venganza personal con aquellos que él pensaba que le habían causado tanto mal.

Al llegar a un callejón que está a escasos metros del banco se le acercó un hombre que le preguntó la hora, a lo que le respondió de mala manera, ya que no quería ningún tipo de interrupción o contratiempo en lo que iba a hacer.

Sin embargo aquel encuentro no fue casual, inmediatamente notó que alguien le agarraba por el cuello y trataba de inmovilizarlo. Él se revolvió tratando de zafarse y casi lo consigue, pero inmediatamente apareció un tercero que le comenzó a golpear en la boca del estómago.

Pero su ira y violencia crecían y se negaba a que estos atracadores abortasen su misión. Se revolvió y finalmente consiguió zafarse. Justo cuando iba a echar mano de su cuchillo, notó como le clavaban algo en su costado. Se giró para comprobar que se trataba del hombre que le había preguntado por la hora, el cual le acababa de clavar una navaja. Este hombre de inmediato sacó la navaja de su costado y se la clavó en el cuello. Esta herida fue mortal y José Ramírez se cayó al suelo agonizando.

Los otros mientras tanto cogieron el maletín y lo abrieron en su presencia. Para su sorpresa no encontraron más que papeles y periódicos. Comenzaron a discutir entre ellos, mientras José desde el suelo y sangrando a borbotones por su cuello los miraba a la vez que su vida se desvanecía por momentos. Aún pudo oírlos como se decían de todo entre ellos. Uno gritaba enojado “¿Pero no decías que era un empresario millonario?”, a lo que otro respondía “¿Yo que sé?. Solo te dije que va todos los días trajeado al banco con un maletín. Yo creía que iba a ingresar dinero”. Finalmente el tercero, ese que le había herido de muerte, interrumpe la discusión y les dice a los otros dos “Da igual, registrarlo, quitarle lo que tenga y vámonos antes de que nos vean”.

José Ramírez falleció mientras lo desvalijaban. Unas semanas más tarde sus asesinos fueron detenidos. Su mujer en el fondo se sintió aliviada al saber lo que había sucedido, ya que se había quitado un gran problema de encima, pues su marido no aceptaba la separación y sabía que lo iba a tener que aguantar toda su vida. Sin embargo lo que nunca llegó a saber, y tampoco el director del banco, fue el plan que su marido tenía para ellos aquella mañana del viernes 13. Unos maleantes se convirtieron en sus ángeles salvadores durante unos minutos y evitaron que fuesen asesinados. Tuvieron buena suerte en esta historia ficticia. Ojalá todos esos maltratadores con semejante mentalidad acabasen como José Ramírez...

José Ramírez trata de defenderse de sus atacantes

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