Pensando, meditando, reflexionando e, incluso, olvidando.


El paso de los días y de las horas te deja algún tiempo para pensar por una maltida vez en ti. En lo que eres. En lo que quieres. Y, sobre todo, en lo que no quieres. Y he llegado a absoluta y más brillante certeza que ya no queda ni un rastro de ti en mi. Ya no hay nada. Solo puedo decir que nunca me arrepentiré de mis actos y mucho menos de lo que no hice. El hecho de no haber actuado en ciertas circunstancias o de no haber hablado en ciertos momentos no fue por mi culpa, ni por la tuya, fue por la utopia que montamos para dos. Eso no sujetaba nada. No era desconfianza ni mucho menos que no te quisiera, simplemente hay ciertas cosas de las que nunca sabré actuar de manera clara. Que por qué. Pues no lo sé. Bueno, realmente, sí que lo sé, pero nunca fuiste nadie a quien se lo pudiera contar. Eras tú quien tenía los problemas, eras tú el que estaba siempre mal. Y mientra, yo, debía estar perfectamente para apoyarte por un millón de tonterías. Eso se acabó, se cerró el telón, aunque duela. Ya no encontrarás una puerta abierta. Y no es que sea rencorosa ni mala, simplemente aprendí que muy pocos seres se merecen una segunda o una tercera oportunidad y, francamente, nuestro tiempo ya partió.

Pero ante todo, gracias por haber formado parte de mi vida, aunque solo fuera para darme cuenta de todo lo que valgo y de todo lo que un ser puede llegar a merecer.

musico o poeta

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