Pelea de gallos

La subjetividad no tiene límites por eso siempre aparecen las personas que se ofenden por cualquier cosa

Ese es el principal problema que plantea la subjetividad, nadie puede decir nada.

De esta forma, una persona que es muy religiosa, se siente ofendida cuando alguien dice que Dios no existe, del mismo modo alguien excesivamente patriota, se siente  profundamente herido cuando escucha como alguien dice que en ese país, no hay una democracia propiamente dicha, aunque quien lo expresa de este modo esté cargado de razones y argumentos para decirlo.

Los políticos y la pelea de gallos

La subjetividad, tampoco entiende de ideología, da igual que se sea de izquierdas, de derechas, o de centro, aunque como en todo hay una excepción principal,  si lo  lo dice un alto cargo del gobierno, ya se convierte en un dogma y aparece la ideología, de izquierdas o  derechas, no cabe nada más. Y eso lleva a que se produzca una consecuencia, la aparición de la intolerancia.

Esa intolerancia tampoco entiende de edades, está presente tanto en los mayores como en los jóvenes, estos últimos, quienes están dispuestos a prohibir la libertad de expresión y de prensa, lanzando sus ladridos en las redes sociales, eso sí lo hacen bajo el ánonimato que les da la red. Son así de cobardes, porque luego en la calle no reconocen nada de lo que han escupido en Internet,

A los políticos actuales parece que se les ha encogido el cerebro, bueno y a los no políticos también, después de difamar, hacer y deshacer leyes a su antojo, abrir y cerrar parlamentos, hacer referéndums, que no sirven para nada y darles validez legal. Después de haberse burlado de toda la sociedad, se erigen en los auténticos salvadores del mundo.

Pelea de gallos

Pero a ellos les da igual, siguen subidos en su burro , centrados en su ego , y de él no se bajan. Se lanzan dardos envenenados, a  través de los medios de comunicación,se posicionan a favor de unos u otros a ritmo camaleónico. Porque eso sí tienen una a capacidad de transformación que ya la quisieran muchos para ellos.

Juegan con fuego y quien sabe si terminarán quemándose. Son como niños que juegan a ver quien la tiene más larga. Y mientras la sociedad, traga y traga, observa impasible, porque esa pelea de gallos nada tiene que ver con ella.


Pelea de gallos

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