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De agua dulce, se encuentra en América Central, América del Norte y en Costa Rica. Tiene una forma alargada y su boca llena de dientes  recuerda la de un cocodrilo lo que le da un aspecto feroz y desagradable. La piel se presenta repleta de unas escamas muy duras que le proporcionan una especie de armadura que le protege de los posibles depredadores. Se alimentan normalmente de otras especies de peces pero también son carnívoros y algunas personas que tienen pejelagartos pequeños en su pecera los alimentan también con ratones vivos.

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Los ejemplares de estos peces supervivientes de antiguas especies, se pueden considerar fósiles vivientes de la evolución y en la actualidad se han detectado siete diferentes especies algunas de ellas con el morro más corto. Algunos de ellos, los más grandes, pueden alcanzar los tres metros de largo y pueden pesar más de 130 kilos de peso y pueden nadar a gran velocidad, no obstante, acostumbran a permanecer inmóviles en la superficie de los ríos dejando que les lleve la corriente esperando que aparezca un pez más pequeño para devorarlo y tragarlo entero.

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La carne del pejelagarto es comestible, no obstante, tiene una gran cantidad de espinas muy molestas, pese a ello no es obstáculo para que se consuma, sobre todo en México donde si se consume y tiene fama de estar su carne muy sabrosa y buena. En la localidad de Tabasco, este pez representa una especialidad y se suele servir enteros asados donde se presentan en la mesa con la cabeza entera pese a que su forma resulta más bien repulsiva y rara. Se sirven sin la piel del cuerpo para ir consumiendo su carne con alguna salsa y según parece tiene una textura parecida a la lubina y tiene un ligero sabor a pollo como ocurre con la carne de los cocodrilos.

Fuente:

El pejelagarto, fósil viviente de otro tiempo.

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