A veces en estos tiempos que corren, sufrimos demasiado el estrés, el agotamiento, el cansancio, y ya casi no dejamos tiempo para cosas tan importantes como el ocio, el disfrutar de nuestra pareja descansando y también estamos perdiendo el romanticismo.

No hay más que ver a los jóvenes de hoy para darnos cuenta de que el cortejo, y el romance están siendo desbancados, aunque también hemos dejado claro que a las mujeres, a las jóvenes y las adolescentes aún se les conquista con este método tan antiguo como maravilloso y supongo que este es el motivo por el cual han acudido en masa a películas como la saga Crepúsculo, que es una representación en estado puro de lo que es un romance.

Y en esto de los novios, y las bodas, no nos quedamos atrás, pues un estudio reciente manifiesta que una de cada tres parejas decide casarse de forma mutua y razonando los pros y los contras, dejando atrás la emoción del momento, y el dejarse llevar. (Que por otro lado no siempre tienen por que ser bueno).

Lo cierto es que parece que eso de que el hombre se ponga de rodillas es algo que ya no se lleva.

Antes,  los hombres pensaban mucho el momento de pedirle matrimonio a su novia, escogían un regalo (normalmente un anillo de pedida), buscaban un lugar romántico, como un viaje a París, a Venecia, o simplemente llevaban a su novia a un lugar especial para ellos, como el banco del parque donde se dieron el primer beso, o el lugar donde le pidió que fuese su novia, y ya sólo le quedaba armarse de valor, y pedirle a su amor que compartiera la vida con él por el resto de su vida.

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