Una manera como otras de pasar las fiestas navideñas es hacerlo sola. Es la única manera de asegurarte la paz total. No tienes una familia que te haga sufrir, nadie se enfada por no recibir el regalo que esperaba, la suegra no se mete contigo, el marido no te fastidia con sus problemas, los hijos no se te ponen pesimistas, la cuñada no está metiendo cizaña como acostumbra...

Pasar las Navidades sola es una opción a tener en cuenta. Son unas Navidades que he vivido alguna vez y que he disfrutado hasta el punto de recordar con nostalgia. Fui feliz sin cantar villancicos, sin tener que cenar en Nochebuena como si me tuviera que cebar en vez de alimentar, sin poner mesas, sin quitar manteles. La televisión me hizo compañía con una película y, cuando me cansé de la compañía de los actores de las películas, apagué el televisor. Al marido, en cambio, no lo puedes apagar.

Todas las Navidades la gente intenta sumar a sus fiestas a los seres solos. Deberían sumarse ellos a las soledades. Cada día, estoy más convencida de que la felicidad sólo se consigue viviendo solos. La gente siempre da problemas. Yo prefiero un televisor a un marido. Como os decía, el televisor lo apago cuando no me interesa seguir viendo una película o una serie. También prefiero la radio a la suegra. Cuando vas en el coche conduciendo, puedes apagar la radio y dejar de escuchar las noticias horribles del mundo. En cambio, si llevas a la suegra de copilota, no hay manera de cerrarle la boca.

De lo que se trata es pasar las Navidades. Son unas fechas en las que todos nos ponemos imposibles. Parece que todos los recuerdos se te agolpan en la cabeza a finales de diciembre y se te van gracias a la cuesta de enero y a las rebajas.

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