La pareja: persona conformista y persona exigente

Hay un tipo de persona CONFORMISTA que considera que una vez apagado el impulso amoroso, si alguna vez lo ha sentido, debe resignarse y procurar resolver los conflictos de la vida cotidiana para que supongan el nivel más bajo posible de inestabilidad. Están convencidos de que el amor no da más de sí y emprenden una convivencia afectiva profundamente empobrecida.

Por otro lado, hay un tipo de persona que espera mucho de la vida afectiva, demasiado tal vez. Quien espera más de lo que la afectividad pueda aportar a la vida nunca podrá ser feliz y, a menudo, será exageradamente crítico con su pareja, culpabilizándola de la falta de emotividad e intensidad afectiva.

Tanto el conformista como el EXIGENTE hace inviable una relación y, si tienen la desgracia de emparejarse, su convivencia puede convertirse en un constante ataque y huída. El exigente acusará al otro de pasividad, de falta de interés y de grave incapacidad para la comunicación. El conformista se defenderá diciendo que el otro es un exagerado, que ama y que haCE lo que puede, mientras el otro no está nunca satisfecho. Es muy posible que ambos temgan su parte de razón, en cualquier caso, tanto una como otra postura desembocan en una relación agónica, carente de cualquier interés y de intensidad afectiva.

La presencia de una de estas posturas en un solo miembro de la pareja puede llevar al otro, si no es cauto, a la postura contraria. La CONVIVENCIA con una persona conformista y poco emotiva puede crisparse hasta provocar la acusación sistemática y el reproche inmotivado, del mismo que la convivencia con una persona que esté en situación de crítica constante lleva a dar menos importancia a la afectividad. Tarde o temprano, la persona que se siente acorralada optará por echar a un lado el conflicto que supone la vida afectiva, tenderá a acomodarse y buscará la tranquilidad.

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