Parecía que no decía nada, solo parecía, que no decía nada, a las innumerables preguntas que le hacía Julia; le requería respuestas, como remiendos guardados para su tronco descompuesto, ante la rendición de su desvestimiento.

Pero sus respuestas sin articulación audible, no fueron PALABRAS, en cambio ofreció suaves caricias a un cuerpo guardado, palpitante y vencido, que logró escuchar palabras del alma; esas que no se alcanzan a decir, y menos a oir, con la razón.

Aquella vez, inventó ese otro tipo de palabras para Julia, en medio de silencios taciturnos, dulces, arraigados; mientras ella moría de apocos, de nuevo.

El inventaba poemas, en medio de mitos recurrentes de la historia, de los personajes que encubren a todos; para decir más, lo que podía responder, al no encontrar palabras propias, cotidianas, simples; no solo a Julia, sino a cada uno de sus otros fantasmas.

Ellos fueron el poema; en él se brindaban PALABRAS inventadas, que nunca se encontraban cuando se les requerían. Náufrago del lenguaje, que encuentra asidero en el poema, para intentar absolución a sus prisiones dolorosas, arrastrando en su naufragio a Julia; tal vez, en ese mar sin costa, del que ella apenas sobrevivía.

Julia por algún tiempo, no escuchó las olas del clamor verdadero, en la cercanía de él. Entendía ahora los atajos maravillosos del alma, que evidencian la inexorable fuerza de lo que se siente, palabras que necesitan encontrar en la piel, el lienzo perdido y frágil para que ellas se escriban.

Así era él para JULIA; añorante y escribiente de letras ancestrales sobre su piel; esa era su manera de responder, también de conversar, no lograba otra, no anhelaba otra. Como toda palabra dicha, bordeaba la muerte de lo imposible, lo que el agonizante no alcanzó a decir; proveía con los versos de sus manos, deseo; un torrente tan doloroso como feliz, versos que sobrepasaban el idioma conocido.

Julia conversó entonces, con él de esa manera, arriesgándose de nuevo; conversó con él en su desolación, que ahora era la de ambos, atrapando el insondable encuentro de los colores mágicos de la fe.

El naúfrago encontró, otra manera de hablar, como su manera de escapar, al escarnio de la palabra justa.

Palabras

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: