El ahora, parece una novela macondiana, donde la ficción puede más que la realidad, pero la ficción no es más que la realidad del alma de un pueblo que se niega a sí mismo una oportunidad, dios es amor, el amor es perdón y reconciliación, y sus representantes en la tierra pasan por encima de él, tal vez creyéndose más grandes, desde sus balcones pregonan el odio, la arrogancia y su profunda ignorancia mundana, que los ata a un poder de posesión de bienes materiales, que les da poder de dominación sobre las minorías que sufren los tormentos de la guerra.

Vivimos sobre un paraíso ignorándolo, tal vez porque hombres de alma oscura, lo han ocultado, para que nadie sea feliz, porque para ellos solo existe la amargura, de adorar el caos como un dios, en su mente no cabe la educación, el medio ambiente, la tolerancia, el amor, su discurso es la guerra que los ha llevado al poder, el temor es su legado, que esconde sus crisis espirituales y su poca capacidad intelectual de debate.

La envidia es la pobreza del alma, que retrasa los pueblos, y bien sabido es que la peor pobreza es la espiritual, de esta, hechos están los que pregonan ser apóstoles de la democracia y la paz, con sus falsas mascaras que confunden a un noble pueblo, que necesita la cura de su alma envenenada por tanto farsante, demonio con apariencia de ángel guardián.

Pero pese a todo el odio que se ha tratado de incrustar a la fuerza, en el corazón de mis compatriotas, los jóvenes y humildes campesinos con nobleza, lejos de mezquindad alguna, comprendiendo y entendiendo, los primeros que ya basta de ver la guerra por televisión, los segundos víctimas directas del conflicto, con ánimo de honrar a dios perdonando a sus victimarios, unidos en una sola voz, han gritado basta ya, no a la guerra si a la paz, con sus concentraciones masivas, en jornadas de silencio que solo cesaran cuando el acuerdo de paz sea un hecho.

Mi pueblo es noble e ingenuo en sus raíces, esclavizado por los falsos profetas godos, ortodoxos e ignorantes, pero llego la hora de la emancipación, al descubierto han quedado, la paz es un hecho, el amor prevalecerá sobre todo, de ellos será la oportunidad del arrepentimiento y la incorporación a la vida social, con el compromiso de no más oscurantismo.

Señores, comunidad internacional, de todo lo que han podido percibir en nuestro proceso de paz, donde nos hemos comportado como unos idiotas útiles de los mezquinos, envidiosos y rencorosos, saldrá un país fortalecido, unido, echado para adelante, será un honor invitarlos al teatro de paisajes y la fraternidad musical, literaria, política y social, amén de muchas otras fantasías.

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