¿Te parece un contrasentido atreverse a ser feliz?

¿No te parece un contrasentido que haya que atreverse a algo tan natural (aunque no normal) como es ser y sentirse feliz? Acompáñame a lo largo de este artículo y descubrirás por qué ser feliz requiere coraje.

El ser humano, incluso sin ser consciente de ello, busca y siempre ha buscado la felicidad en todo lo que hace. Sitúate frente a un espejo mirándote fijamente a los ojos y dime: ¿quieres ser feliz? Si eres como el 99 % de mis alumnos habrás respondido que sí. Bien, y ahora dime honestamente: ¿sientes que tú te mereces ser feliz?

Curiosamente la mayor parte de las personas quieren ser felices, pero sienten que no se lo merecen. ¿De dónde crees que surge esa creencia de no ser merecedores de la felicidad, esa sensación de haber hecho algo tan malo como para no merecer ser felices, esa culpa casi inherente al ser humano?

El gran olvido

La raíz de todos los problemas del ser humano está en el olvido de quién es en su totalidad, en el olvido de su esencia para beneficio único de su cuerpo.

Permíteme relatarte una pequeña historia:

Érase una vez un rey que gobernaba feliz en un lugar de gran belleza y salud donde primaba la alegría entre sus habitantes. El rey atónito le hizo una pregunta: “¿Pero acaso esos seres no tienen un corazón?”. Decidido, emprendió el camino a lomos de su caballo alado. Según descendía hacia aquel planeta sumido en la oscuridad, le llamó la atención la densidad del aire. Era pesado y le costaba respirarlo. Y lo que es peor, ya no recordaba quién era en realidad. El rey, angustiado y confundido, no sabía qué hacer.

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Semanas después varios caballeros de su séquito se desplazaron hasta el planeta oscuro en busca de su rey. Protegidos por gruesas máscaras evitaron respirar el aire envenenado. Tras una larga búsqueda, le encontraron agotado y triste trabajando duramente la tierra. Sorprendidos trataron de hacerle recordar quién era y por qué había decidido ir a ese lugar. Su realidad, la única que existía ahora, era esa. Tardó un tiempo y necesitó utilizar de nuevo su dormido corazón para volver a recordar quién era en realidad y así poder recuperar su alegría. A lo largo de tu eterno viaje universal, tu único propósito como ser es el de iluminar tu oscuridad o dicho con otras palabras, evolucionar.

Ilusionado te haces dos solemnes promesas para esa nueva experiencia (lo que llamamos vida): seguir evolucionando y no volver a utilizar los comportamientos oscuros que ya has experimentado y manifestado en otras vidas anteriores. El ser se siente atrapado y la comunicación con su vehículo se pierde. El cuerpo material se identifica con sus fabricantes (papá y mamá) y no con sus creadores (la esencia creadora).

Te identificas con tus progenitores y tratas de vivir tu vida en función de unas normas sociales y familiares preestablecidas por la educación.

Al identificarte con papá y mamá y olvidarte de quién eres, te olvidas de que evolucionar es la única razón por la que decidiste adoptar una forma humana, es tu única razón de existir. ¿Te suena?

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La culpa intrínseca

¿Recuerdas esa culpa intrínseca que hace que no nos sintamos merecedores de la felicidad, esa sensación de haber hecho algo mal? Pues sí, existe una culpa intrínseca inherente a cada ser que habita en este universo oscuro. El ser naturalmente se siente culpable, pues llega con todos los recuerdos de sus anteriores vivencias universales (vidas), de sus experiencias en la oscuridad. Desde la oscuridad de nuestro ser, al vernos solos en la inmensidad oscura de este universo, nos sentimos abandonados por nuestros padres. En realidad, estamos enfadados con la luz misma y ese enfado con el Creador provoca en nosotros una culpa permanente.

El ser humano teme más a su luz que a su oscuridad

Esa culpa inherente al ser se ve reforzada en nuestro día a día por el conocimiento implícito del ser de que, como personas, no lo estamos haciendo bien; de que le estamos dando la espalda a la esencia creadora en nosotros. Perfectos según sus criterios sociales tan distantes de la perfección que conocemos desde nuestro ser. Si eliges comportarte bien desde ti, desde tu conocimiento, disfrutarás de un potencial innato que, de no ser así, seguiría escondido. ¿Conoces a algún maestro exterior mejor para ti que tu propia luz?

Atreverte a ser feliz implica…

Lo prometido es deuda. Atreverte a ser feliz implica:

Atreverte a mirar hacia tu interior. Ser feliz pasa necesariamente por atreverte a mirar hacia tu interior. Pasa por convertirte, cada día más, en el ser humano que has nacido y venido a ser: la manifestación cotidiana de ti mismo. Asumir la responsabilidad de tu propia felicidad. Ser feliz implica asumir la responsabilidad de tu propia felicidad (luz), asumir que tú y solo tú eres responsable de cuidar y expandir tu núcleo de luz.

Ser feliz implica el darte cuenta y reconocer que durante todos estos largos años has estado dándote la espalda a ti mismo, que has estado dándole la espalda a tu luz.

Aceptar tu naturaleza dual. Ser feliz pasa por aceptarte tal y como eres en este momento, con tu luz y oscuridad. Pasa por aceptar que tu única responsabilidad es iluminar tu oscuridad: ser feliz.

Atreverte a perdonarte. Ser feliz pasa por atreverte a quererte tal y como eres en plena evolución, con tu luz y tu oscuridad, con tus defectos y virtudes. Atreverte a hacer las paces con la luz creadora. Ser feliz implica que puedas mirar de nuevo a la luz creadora del todo en ti y veas reflejado el amor en su infinitamente amorosa mirada. Recuerda: ¡No estás solo! ¡Nunca lo has estado!

Y ahora dime… Tú, ¿te atreves a ser feliz?

Fuente Historia: Original/Atrévete a ser feliz/Inspirulina.com

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