La mujer que nunca sufrió por alguien, qué lance el primer correctivo anti-ojeras.

Quiero decir - antes que alguien venga a colgarme como a Judas (no soy quien para criticar, hasta porque yo misma pasé por algunos incidentes) que más allá de todo el dolor, sólo con el tiempo (obvio que a la mano de los estudios - bendita sea la Universidad) nos damos cuenta de una verdad: sufrimos porque así lo queremos, nadie nos obliga a sufrir. Sufrimos por alguien porque nos parece cómoda la situación, sufrir y esperar "algo a cambio".

En esa infeliz, sufrida, dolorosa, angustiante espera (peor que la eterna espera de los 9 meses), seguimos esperando que el objeto de nuestros deseos egoístas (sí, somos egoístas) regrese a nuestros brazos. Pero a ver, pensemos juntos (y juntas, en todos casos): Si el fulano/fulana se fue habrá sido porque tenía que irse. Porque no era a nuestro lado dónde él haría su hogar.

- Jimena, me dijiste egoísta pero yo no soy egoísta.

Obvio que sí lo eres. ¿O qué razón justificable tienes para contradecirme que no es así? Ninguna. Somos movidos por nuestro ego, orgullo y cuando éste es herido, no hay Dios que nos detenga. Somos capaces cometer desde las pequeñas cosas hasta llegar a las mayores atrocidades por retener a alguien que en definitivo, no "fue hecho" para nosotras.

Y todo eso ¿por qué y para qué? ¿Cuál la finalidad de todo ese sentimiento auto-destructivo? No nos sirve de absolutamente nada. Fuera el hecho que quizás (somos mujeres, seamos sinceras: algunas de nosotras ya caímos en lo más bajo de la dignidad) después de innúmeros chantajes, llantos, amenazas y otras cosas indignas, logramos que el objeto de nuestros deseos, regrese a nuestro hogar. Regresará feliz o infeliz? Eso es otro rollo. ¿Habremos puesto a pensar un minuto siquiera que esta persona quizás no sea feliz a nuestro lado? ¿Y si resulta que otra vez atravesamos una nueva crisis, cuál será la salida? ¿Nuevas formas de coacción? Lo cuan desesperante será para nuestro objeto de deseo estar a nuestro lado, bajo constantes susceptibilidades de amenazas. Somos entonces vistas por ellos, como las mujeres bomba. A cualquier minuto, estallaremos y otra vez, más de lo mismo.

Perdemos tiempo precioso (¿alguien habrá pensando en nuestra efímera existencia?) para poder hacer grandes cosas, luchar por algo mejor, por un salario mejor, por mejor condición de vida y conocimiento… pero sin embargo, estamos pataleando en la resistencia de retener a un ser que en definitivo, no nos pertenece ni quiere pertenecernos (porque si lo quisiera, hubiera hecho algo para cambiar. Y si lo intentó, entonces, eres tú - mi querido/a lector/a - quien debe cambiar). A juzgar por el término “pertenecer”: nadie “pertenece” a nadie. Ni las cosas que compramos (ya que los ladrones están en la sociedad para eso), peor los seres humanos. Todo, absolutamente todo, tiene su tiempo de validez – sea en nuestras manos o en manos ajenas, pero todo llega a padecer y perecer con el tiempo.

Por qué rayos entonces ¿alguien debería “pertenecernos”? ¿Alguien habrá pensado que en el fondo somos nosotros todos animales? Homo sapiens evolucionados de los animalejos Australopithecus. Peor, aparte de toda nuestra (in)evolución, tenemos el factor cultura, que es el que más pesa en nuestra vida. Acá bajo ninguna hipótesis aceptamos al hombre con muchas mujeres, pero en las Arabias sí lo aceptan y pobre de la mujer que no acepte compartir su marido con otras féminas. Mínimo seria chicoteada en plaza pública. Fuera que en el reino animal, solo son pocas las razas "fieles", que sí se unen hasta que la muerte los separe (por lo general, quien se queda termina muriendose solo). En la mayoría, todos son unos despudorados guiados por instintos "animales" (qué irónico!).

Muchas veces nosotras nos preocupamos con cosas insignificantes, haciéndonos de científicas, convirtiendo una hormiga en un mamut (por qué no encontramos el exilir de la juventud y un anti-arrugas que sí funcione?). Quizás sea el momento (post-dolor, obvio. Yo aconsejo unos buenos vinos, unas buenas películas corta venas, y después, tardes de shopping y saturday"s nights de cacerio) de enfocarnos en otros pensamientos más realistas. Juzgarnos y policiarnos en cuanto nuestra realidad y estilo de vida. Además de cambiar patrones de pensamientos. Un pensamiento negativo instiga a otros tres más y así ad infinitum hasta que tú lo permitas. Lo mismo pasa cuando estás feliz.

¿Quién más peleaba? ¿Él o yo? Imposible que sean los dos, pero conociendo el genio humano o tenemos la tendencia infecta de menospreciarnos (qué atentado más cretino que hacemos hacia nosotros mismos) o echando la culpa siempre al otro, por no querer tocarnos nuestras llagas. Después de este primer re-encuentro, es hora de pensar que si él fue (como vengo afirmando desde un principio) era porque no era nuestro, es para ser de otra más adelante, o quizás (conociendo la raza masculina) de nadie y sea un maldito Casanova que nunca se entregará (y créanme: él igual tiene motivos para no entregarse, al fin de cuentas, nadie es de acero).

Nadie sabe el día de mañana, pero si no nos abrimos y si no aprendemos de nuestras falencias y buscamos mejorarnos, seguiremos reproduciendo hacia el futuro comportamientos erróneos y crean o no, todo eso configura nuestras sociedades desde lo más mínimo hacia los más extremos. Si ni las cárceles retienen a sus encarcelados, ¿qué nos hace pensar que con “amor” (seamos sinceras, muchas somos chantajistas de primer nivel) los vamos a retener a nuestro lado? Y si así fuera: un día cansa y él saldrá de las cobijas hacia los pastizales de la vecina que no le llora, no le grita, ni le chilla… además, la muy pendeja sabe cocer un guisado de paladar privilegiado…

Oh Jesús ¿será hora de aprender a cocinar?

NO! Al menos que lo quieras por gusto propio, pero si es para agradar un tercer (lease: pretendiente): NO. Es hora de aprender a reconocer nuestras falencias, corregirlas en la medida del posible y amarnos antes de nadie. Un cliché que nadie lo pone de moda.

 

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