Nina se encontraba allí día y noche mirando hacia “el Horizonte”. Pensaba que al cavar agujeros en la pared con su mirada el volvería a aparecer, volvería a ver su sonrisa y a escuchar sus ideas liberales. En el fondo sabía que no pasaría, pero no perdía la esperanza de que algún día el entraría por esa gran puerta de roble y la sacaría de ese mundo monótono del que constantemente escapaba soñando con él, con los besos que nunca se dieron y las confesiones que nunca se hicieron; con la cálida brisa cartagenera y ese olor a aguardiente tan característico de él.

 

Escuchaba como su memoria le susurraba mensajes del pasado, conversaciones  que había tenido con él hace más de un mes, palabras que  jamás había podido olvidar: “¿Para qué?, no necesitas firmar un papel para reafirmar tu amor” le había dicho, y ahí  fue cuando se dio cuenta de que inevitablemente había caído a sus pies. Había sucumbido  ante su aire bohemio, su sonrisa  picara y su forma de bailar.

 

‘¿Porque?, ¿Porque me tuve que dar cuenta tan tarde de mis sentimientos?’ Se preguntaba. Quizás fue el amor que se respira en  el aire de las costas, o esa sensación de libertad y de ensueño que suele crear la ciudad antigua, con sus vientos constantes, y sus murallas, que gritan “¡Bésala!”. Hay quienes creen que Cartagena es la ciudad del amor por excelencia, que ni Francia  puede opacar ese hipnotismo de la playa de las velas que te cierra los ojos  e inevitablemente te dejas llevar, te dejas llevar por tus impulsos, y tus sentimientos. Quizás fue ese hipnotismo mágico lo que despertó en Nina  los sentimientos por tantos años guardados hacia su amigo Nicolo, pero el punto no era que los había despertado, lo importante era ya estaban “in the open”, o por lo menos para sí misma era así,  y lo que le preocupaba ahora es que pasaban las horas  y no hacía más que pensar en él:

 

En su mirada, en sus gafas de sol moradas  y en la forma en que describía porque a la piscina siempre le iba  a dar el sol. Le perturbaba por que el ya no estaba, porque nunca tuvo el coraje de decirle lo que sentía, o de darle un beso y nada más. Porque sabía que si lo volvía a ver seria como un terremoto bajo sus pies. Le turbaban aquellos pensamientos porque no sabía si su “Amor”- si es que eso se podía llamar amor, mas como traga ¿no?- era correspondido, porque él no aprecia nunca, porque se perdía como los trazos dibujados en la arena a las orillas del mar.

 

                                                                                                                                            **************

 

Nicolo se encontraba pensativo, mirando a los carros pasar por la calle principal de Medellin, escuchaba la canción que Nina le había metido en su Ipod “Promise ring”, había dicho que: ‘Despertaría hasta en el mas macho de los hombres el lado sentimental’. No estaba seguro de que aquella canción lo hiciese sentir sentimental, no si ser sentimental significaba una confusión horrible sobre aquella amiga de cabellos monos y sonrisa espectacular.

Jamás  había pensado en Nina como mas  que una  amiga, era la más pequeña del grupo, la bebe, la que todos sentían el impulso de que cuidar así no fuese del todo necesario, la hermanita menor comunal por así decirlo. Nina nunca había sido sinónimo de relación, siempre de ternura, pero aquellas noches estrelladas de Cartagena y el chick flick soundtrack  de ella lo habían hecho pensar… Entre más reflexionaba, mas encontraba esos breves momentos en que pensó cuan hermosa se veía en esto y aquello pero  lo descartaba como un reflejo de verla usando shorts, aquellos pantaloncillos extra-pequeños le quedaban muy bien, el podía ser respetuoso pero no ciego.

Esa era su excusa, una simple respuesta hormonal. Pero  mientas mas lo analizaba se daba cuenta de que no solo eran sus piernas lo que recordaba, eran su risa melodiosa, y su forma de hablar tan diferente a las demás chicas plásticas y huecas que encuentras  por ahí, recordaba su taconeo  tan femenino  y la mancha de aguardiente  que dejo sobre su vestido.

Siente un extraño dolor en el pecho, como si alguien lo estuviera intentando ahogar, la extraña, y mucho, esa es la última prueba de que no es solo su teenager side coming back up. Algunos dirían que la extraña como amiga, el mismo lo dice para intentar convencerse de que en realidad no siente nada por ella. Pero la verdad sea dicha, no solo extraña  sus consejos, extraña sus  abrazos, esos momentos en que la necesidad de besarla lo inundaba mientras bailaban… Sí, todo indicaba  que se estaba enamorando de su amiga Nina, de esos ojos azules como las olas y de esas pequitas como puntos de pincel sobre un lienzo color marfil y de su boca, esa boca color cereza, tan roja como el atardecer que solían ver juntos sobre  la murallas, hipnotizados por esa brisa calurosa de las costas, la brisa del amor.

 

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