Ya había visto el libro en el puesto que la editorial Alfaguara había montado en la Feria del Libro de Buenos Aires días antes de su presentación. Era blanco y alto como su autor; sin duda, una fotografía maravillosa. Julio Cortázar en letra más grande que el título, «Papeles inesperados», despierta la atención de cualquier desprevenido. No lo compré entonces porque me interesaba averiguar primero las razones de su publicación. Me asustan los textos inéditos publicados póstumamente porque, por lo general, no espero nada de ellos, descontado el encuentro nostálgico con la palabra del autor. Así que decidí que lo compraría después.

Inesperados. No hay palabra más precisa. Tímidamente, la gente se acercaba a la montaña de libros y ojeaba el único ejemplar abierto. Algunos, como yo, esperaban las explicaciones. El encuentro durante la presentación de libro fue tranquilo, revelador y emotivo. El dúo de Pablo Mainetti y César Angeleri abrió con un par de tangos, que se paseaban entre la alegría y la nostalgia. En ese sentido, todo el encuentro podía describirse como un hermoso tango íntimo, por lo que se entiende que a pesar de tratarse de Cortázar, no hubiera habido euforia o vedetismo.

Carles Álvarez Garriga, el editor del libro, explicó una a una las historias y anécdotas en torno a esta publicación. Agradaba escuchar su lucidez y respeto por la obra, que tanto él como luego el novelista argentino Martín Kohan, presente también en la mesa, reconocían tan buena como cualquier otro de los libros de Julio. Contaba Álvarez Garriga que los papeles habían estado en poder de Aurora Bernárdez, que fue la primera mujer de Cortázar, con la que estuvo casado 14 años. Según Álvarez Garriga, Aurora fue sobre todo su mejor amiga y gran conocedora de su obra.

Yo, que había ido con el mayor escepticismo, necesitaba más justificaciones. Luego fueron llegando: Cortázar le había entregado esos papeles a Aurora diciéndole que podía hacer con ellos lo que mejor le pareciera; había quemado ya varias cosas que había escrito, entre las que estaban una novela infantil de 400 páginas, una novela de trasfondo homosexual de 500, una novela de juventud y otras cosas. Esto decidió conservarlo y entregárselo luego.

Otro de los grandes interrogantes, incluso para Kohan y para el periodista Guillermo Piro, encargado de moderar la mesa, fue la aparición de esas nuevas tres historias de cronopios y otras once de «Un tal Lucas». Kohan aseguró que no halló algún reflejo de descarte en ninguna de ellas, lo que hacía preguntarse ¿por qué éstas no? La respuesta tenía mucha lógica: Paco Porrúa, editor de muchas de sus obras, le había dicho a Julio que nueve de las historias de cronopios no eran necesarias. Cortázar le concedió cinco y las otras cuatro pidió no tocarlas. De las cinco aparecieron tres. Con las historias de Lucas pasó que las había escrito sin control, después de haber encontrado la fórmula, hasta que dijo no más, y se detuvo. Como bien decía Carles, la idea de Cortázar no era hacer libros por tomos. También se dijo que esas historias de Lucas ya habían tenido un intento de publicación, cuando Cortázar las envió a la editorial Rayuela, que fracasó antes de publicarlas.

Hablar de Cortázar da paso al compartir de buenas experiencias. Las de Piro encantaron por traernos al Cortázar honesto, agradecido con sus influencias, también influyente, "como una maldición", decía en broma.

Después de saciados los corazones, que habían estado tensionados desde el comienzo de la feria, o desde que cada uno supo de la noticia del libro, Mainetti y Angeleri volvieron en ánimos de celebrar a un Cortázar todavía vivo y feliz. Todos estábamos satisfechos. Tocaron uno de los tangos favoritos de Julio, pero más hermosa fue la versión de «My favorite things» con la que cerraron. Tras la armonía del bandoneón de Mainetti estaba Coltrane caminando por Buenos Aires. Al tocar su solo, Angeleri demostró con su guitarra que la melodía es inagotable y visceral. Fue una interpretación bellísima, abarcadora, que Cortázar hubiera celebrado, por lo auténtica y sublime. Como este reencuentro alegre, que durará más de 400 páginas.

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