MI PAPA fue el mejor CONTADOR del mundo, se dedicaba por largas horas a organizar números y cuentas para las finanzas de otros, con tal devoción y habilidad que se fue quedando sin clientes por ser demasidado honesto.

Mi papá fue el mejor contador del mundo, en las cuentas de su billetera no cargaba más de un billete, logrando trabajar desconectado de las cuentas de la casa, que llevó siempre con total sabiduría y generosidad mi mamá.

Mi papá fue el mejor y más maravilloso contador pues en la genialidad de sus cuentas, desconectadas de una casa de siete personas, nunca faltó nada y hasta sobraba para el perro, los novios, los invitados, alguna empleada ocasional, otros familiares, para el maní que nos llevaba a todos, de esos que vendían en los buses, y hasta para algún niño de la calle que él llevaba a casa a pasar la noche, ante el asombro de todos.

Mi papá fue un CONTADOR, el mejor del mundo, pues en las cuentas de su alma y de su hermoso corazón, hizo lo necesario para que luego de partir no le faltara nada a nadie de los que amó.

Mi papá fue el mejor contador  del mundo, pues me contó en sus detallados relatos de un mundo mejor, donde él fue feliz.

En esos otros cuentos que lo hicieron contador, narraba una y otra vez la vida a la que aprendí a acercarme por medio de la sonrisa.

Mi papá fue un contador hermoso de viajes que no hizo, aquellos que confundía con noticias de periódico, cuando su memoria se  alió con sus fantasías. No he conocido un contador  igual, ni de cuentas ni de cuentos, porque tal vez, mi papá logró crear la magia de contar, ante su imposibilidad, no solo de llevar cuentas domésticas, sino también la de hablar.

Mi papá murió una madrugada, tenía que ser, así por el silencio de ella , que asemejaba al silencio de su ser, ese que me cautivó siempre. Se fue dejándome un mundo más hostil sin su presencia y su risa, esa misma con la que miraba lo extraño y diferente, con ojos de niño soprendido, algo imprudente pero absolutamente inocente.

Me dejó el sello de un amor fiel que nunca olvidó, aunque muriera olvidando mucho; me dejó el legado de un silencio que  habla, y una soledad que se escoge por desinterés de lo mundano, pero que también se carga ya no por desinterés, sino por incompetencia para relacionarse o entender para qué se habla lo que se habla. 

Hace un tiempo encontré una carta que le escribió a mi mamá en tiempos en los que él vivía en otra ciudad, en ella lo descubrí poeta, amoroso, romántico, diciendo cuánto extrañaba los besos de esta mujer a la que amó de maneras complejas.

Mi papá murió de a pocos por la rudeza de la vida, que nos envuelve en lo imposible de entender y de decir; pero lo esencial de él brilló siempre, como brillaban sus hermoso ojos cuando le contaba un cuento de otro mundo a mi hijo, quien lo creía feliz. 

Es indecible cuánto lo extraño, cuántas conversaciones se quedaron postegadas por no saber cómo empezarlas, cuántos tintos disfrutamos en mi casa, cuántas caminatas alegres hicimos, aún en los tiempos difíciles de su enfermedad, aquellos tiempos en los que él sabía que ya no ganaría las medallas que tanto amaba, por ser un atleta de carreras heroicas, no más que las que libró con su cuerpo.

Cuántas onces tomamos juntos, deleitándose con el chocolate y el pan que apartaba de antemano cómo marcando un desafío interno por lograr comérselos todos. Cuántas veces reimos con chistes y relatos, con los nuevos nombres que que le daba a las personas, talvez para invitarlos a soñar y crear; cuántas veces lo escuché sentirse solo como un burro, aunque estuviera acompañado, añoraba la compañia de la mujer a la que llamaba charata.

Mi papá no fue famoso, ni muy halagado por sus conocidos, justamente porque su soledad y su risa fue su triunfo.

Vivió como lo hacen los valientes, sin quejarse por lo imposible, amando, viviendo para el bienestar de otros, hablando y aveces peliando con los programas que veía en el televisor, leyendo fielmente el periódico aveces sin gafas en una suerte de acto de libertad, siendo un patriota particular pues en el fútbol prefería a Brasil, lidiando con un  cuerpo que le tendió trampas a sus sueños, rezando cada noche por el perdón de pecados, enseñándome la fe del hombre simple, amando a sus nietos no tanto como abuelo sino como niño, primer compañero de juegos de mi hijo, juegos que aveces tardaban en empezar mientras conciliaban quién sería esta vez superman; dándome mucho más que un apellido con historias que no entendía del todo, tal vez porque él tampoco.

El último día que vi a mi PAPA, estaba en su cama muy enfermo, tranquilo, conforme con una de vida de fé, amor y generosidad, llevaba algunos días sin hablar, era el festejo de un cumpleaños no recuerdo si el de él o el de mi mamá. Cuando estuvo solo, me acerqué a él para darle las gracias que siempre le daba cada vez que lo veía en los últimos de sus días, nunca fueron suficientes para expresarle lo que él era para mí; me senté a su lado, levantó la mano, en la que según una foto que guardo yo cabía al nacer, me acarició la cara, cosa que nunca había hecho, sonrió y me dijo: ¿chinita ya comío ponqué?. Esa fue nuestra última pequeña conversación, nuestro último beso, antes de irse a lo eterno donde espero volverlo a abrazar.

No puedo decir que su última lección, pues en mi memoria me sigue enseñando a sonreir.

Cuánto lo amo!! cuánto anhelo correr a algún lado y sentarme a su lado de nuevo, cuánto lo extraño!!  cuánto lo admiro!! cuánto siento que este mundo es menos iluminado sin él!! 

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: