Vuelo de palomas

 

El fin de semana pasado estuve mirando desde mi balcón a muchachos de la cuadra, de diferentes edades, discutiendo sobre palomas. Y se me ocurrió esta historia, que llamé así: Palomas

Las nuevas

 

— ¡Tata, hay unas palomas nuevas en el palomar! —comentó Adrián a su hermano mayor.

  A Eduardo le extrañó que las tres palomas no levantaran vuelo cuando él se acercó; eran idénticas y completamente blancas.

Muy contento las encerró, con ellas sumaba dieciocho. Las palomas nuevas salían a volar con las demás pero regresaban enseguida y de ninguna manera entraban solas al palomar, tenía él que tomarlas y ponerlas dentro.

—Las tres nuevas no comen —era una preocupación constante que transmitía a sus amigos también criadores.

  Adrián había descubierto que mientras las otras dormían ellas picoteaban algo. Y tratando de encontrar la respuesta Eduardo se acercó una noche en silencio al palomar y observó a las tres palomas nuevas muy alegres picoteando como en el aire; se acercó un poco más, ellas lo miraron y siguieron comiendo.  Disfrutó del rato y regresó a dormir menos preocupado.

  Una tarde, pasadas varias semanas, cuando todas salieron a volar las nuevas no lo hicieron, Eduardo entró al palomar y encontró un papel arrugado que llamó su atención.

  Varios días se mantuvo mirando al cielo y releyendo la nota que había encontrado: «Siempre estuve con mis palomas, como las llaman aquí, yo las alimentaba sin dejarme ver. Pero al fin llegó mi padre a buscarme. Quise que se conocieran, pero él no aceptó. Me dijo que lo mejor era marcharnos, que los habitantes de tu mundo; ni nosotros, estamos preparados para un encuentro de este tipo. Yo  no lo entiendo  y pienso que tú tampoco.

 Aprovechamos el eclipse de Luna ocurrido en la noche para marcharnos.

 Gracias por ayudarme con mis palomas. Intentaré volver.

 Saludos de Vink, ahora tienes un nuevo amigo en Sirama, así se llama mi planeta».

El planeta del amigo

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