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Finalizada la Guerra Civil Española, el conde de las Almenas regaló este palacio de larga historia situado en Torrelodones (Madrid) al dictador Francisco Franco que lo utilió como refugio cuando los servicios secretos del régimen detectaban algún indicio de atentado pues los primeros años de la posguerra fueron muy complicados. También se refugiaba en este lugar retirado del bullicio de Madrid para críar gallinas y otros animales de corral que era una se sus aficiones preferidas, en colaboración del guarda de la finca.

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El origen de esta finca y el palacio ahora en abandono data de 1922 que fue cuando se terminaron las obras de construcción ordenadas por el conde de Las Almenas (José María del Palacio y Abázuza) para albergar su importante colección de piezas arqueológicas y artísticas. El palacio en sus primeros años era como un museo donde se encontraban columnas y capiteles góticos que procedían del castillo de Curiel entre otras muchas piezas de los siglos XII al XVII, algunas de ellas adornaban los jardines también.

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Cuando Franco murió el palacio pasó a manos de sus herederos y una de las nietas, Merry, junto a su marido Jimmy Giménez Arnau llegaron a residir en los años 70 en esta finca. En 1988, Carmen Franco y Polo, la hija del dictador vendió el palacio y toda la finca a un inversor que planeaba construir un hotel de lujo pues el paisaje de Torrelodones es muy bello, pero esto nunca se llevó acabo y el palacio fue abandonado a merced de actos vandálicos que lo han destrozado por dentro dejándolo en ruínas. 

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